Mens sana in corpore sano

Rocío Martínez


Atletas sin cross

09/11/2020

Escribo estas líneas al borde de las lágrimas. Todos los años a estas alturas estaba nerviosa, entrenando para participar en el mejor cross del mundo, emocionada viendo los nombres de los atletas, élite española y mundial que elegían Atapuerca para correr... Un cross que en sólo 16 años se ha convertido en el mejor del mundo. El de este domingo nos lo roba el coronavirus, pero no apagará ese espíritu tan especial que ha encendido en nuestros corazones y piernas.

Ese alma está recogida en unos vídeos promocionales que cuentan que allí se aplaude al primero y al último. Doy fe, yo era más de los segundos y nunca me faltaron aplausos. Vivimos la emoción de una niña que corría allí por primera vez, la de una madre que, tres hijos después, volvía a correr, una inspiración para tantas y tantas madres...

El arandino Santiago Manguán, atleta pionero, aseguraba que nacimos siendo atletas, y así es. Los niños van corriendo a todas partes, juegan corriendo, se lanzan a tus brazos corriendo, y mientras corren, ríen... Luego vamos creciendo y, superados por la complicada vida de adultos, dejamos de correr. No es lo único que perdemos. Un bebé sonríe 300 veces al día. Un adulto, 20. Y me pregunto yo, si no estará relacionado dejar de correr con dejar de sonreír. Por eso en el Cross de Atapuerca hay tantas sonrisas, porque corren miles de personas, ¡6.000 el año pasado! y más miles aún sonríen aplaudiendo a los atletas de todas las edades, de todos los lugares, que en medio del frío o el barro se esfuerzan para dar lo mejor de sí.

El deporte, siempre una lección de vida que estoy deseando enseñar a alguien muy especial, mi sobrino. Dani tiene 3 añitos, nos encanta correr juntos, siempre sonriendo, claro. Él aún no lo sabe, pero está ya entrenando, porque su tía quiere hacerle un gran regalo, llevarle a correr al mejor cross del mundo. Ojalá en 2021. Y miren por dónde, esta columna que empezaba entre lágrimas termina en una sonrisa.



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