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Fernando González Urbaneja

Cartas desde 44 leguas

Fernando González Urbaneja


El agua, el HUBU... apestan

28/09/2021

Lo que vamos sabiendo de la gestión del servicio municipal de agua inquieta, apesta. Como cliente del servicio, tanto el suministro como el precio me parece satisfactorio, entre los buenos de España. Pero los entresijos del servicio municipal son alarmantes. Más aún la forma que tiene el Ayuntamiento para clarificar y limpiar la sentina. Puede ser incompetencia, incapacidad, pero huele más a ganas de ocultar y pasar página que a depurar responsabilidades. Son hechos, circunstanciales, o no tanto, son contundentes; suficientes para adoptar medidas radicales. Por qué no se toman… lagarto, lagarto; apesta. 

Y del ámbito municipal del agua al autonómico del hospital. La bronca entre la gerencia y una buena parte de los facultativos también apesta, apunta a deficiencias de gestión. Un hospital como el HUBU es un artefacto complejo y delicado. Probablemente no hay gobierno más difícil que el de un hospital que requiere funcionamiento permanente, exigencia máxima, acertar a cuidar a los artistas (personal sanitario), saber escuchar y convencer a los clientes (pacientes) y hace que todo funcione como un reloj de precisión.

Confrontarse con cualquiera de estos colectivos, generar tensiones, empecinarse en tener razón y no acierto, es garantía de fracaso colectivo. Por eso la gerencia del HUBU camina hacia ese fracaso, tenga o no razón. El HUBU es demasiado importante para los burgaleses como para fracasar, de manera que si alguna mano escandaliza… córtese, porque lo importante es el buen funcionamiento, la concordia, la cooperación y la confianza de los ciudadanos que saben que antes o después tienen que poner su salud en manos de los profesionales de ese hospital. 

Tanto lo del agua, como el HUBU, apestan. No solo eso, también los retrasos crónicos en la ejecución de proyectos que, en teoría están aprobados pero sestean por los despachos en espera que autorizaciones que no llegan, unas veces porque nadie reclama, otras por pereza administrativa o porque el que no se ocupa, se despreocupa. Pienso en el hospital de la Concepción, en el mercado norte, en los accesos y en el AVE… la lista abruma. Aquí pasa algo poco bueno.