Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


Dar el servicio

09/11/2020

Sobre la mesa que impedía el paso al bar había, perfectamente ordenadas, cucharillas de plástico, servilletas de papel y galletas rellenas de chocolate embolsadas. Detrás, con ambas manos apoyadas sobre ella, la mujer estaba lista para atender a los que se acercasen. Al fondo, tras la barra, su marido limpiaba la máquina de café.
La máquina silba preparando los dos cortados pedidos. En la espera, hablamos. La mujer no protesta por el cierre obligado de los negocios hosteleros ni tampoco hace lo contrario. Se lamenta de no poder «dar el servicio». Es un bar de barrio, con clientela de barrio; sede de partidas de cartas vespertinas y cafés, pinchos y vinos pasando las hojas del periódico, de este, muchas veces. A esta parroquia se le suma la concurrencia de un edificio oficial cercano.
«Estamos aquí porque tenemos que dar el servicio», repite el mantra. Se sienten parte del barrio; necesarios, queridos y solicitados. Cuenta que cuesta decir a los clientes que se alejen de la entrada mientras toman su café, y que haya que solicitarles que se vayan al parque cercano. Se aflige al explicar que no pudo dejar pasar a un señor mayor que le pidió, por favor, ir al baño. Le duele esa distancia con la gente.
Se pone más luminosa cuando enumera los habituales del local que se están acercando y se emociona al relatar como un hombre le dejó cinco euros de propina por un café solo. Al decirle que le parecía demasiado, el respondió que era lo mínimo que podía hacer, que más estaban haciendo ellos, permaneciendo ahí, manteniendo esa pequeña rendija de cotidianidad, de vida.
«Están», se oye desde la barra. La mujer se acerca a recoger los cafés y los trae. Se cobra y regala una galleta al niño. Nos despedimos y vuelve a apoyar ambas manos en la mesa. Dispuesta a seguir «dando el servicio». 
Salud y alegría.



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