Ser o Tener

Esther Alonso


Verdad

04/11/2020

De todos los discursos, afirmaciones, estudiados mensajes a la medida de las necesidades de medios audiovisuales y redes sociales que en las últimas semanas han venido desde la esfera política, me quedo solo con dos. El primero de ellos ha sido pronunciado por la alcaldesa de Aranda de Duero, Raquel González, cuando la Junta de Castilla y León anunció un nuevo confinamiento de la ciudad. El segundo se refiere a la intervención o, mejor dicho, a la no intervención, del portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Aitor Esteban, en la sesión que debatió la última moción de censura.
González fue tajante cuando en declaraciones por el aumento de contagios de Aranda de Duero y las consecuencias administrativas que ello iba a suponer, aseguró: «Tenemos lo que nos merecemos»; mientras que Esteban puso en valor el proverbio de ‘lo bueno y breve dos veces bueno’, cuando en su sencilla intervención aclaró: «No contribuiremos a dar publicidad a esta patochada de moción de censura. Puede pasar el siguiente turno, señora presidenta, y utilizar los 29 minutos que no utilizaremos». 
No soy de la que suele aplaudir las soluciones simples para problemas complejos. Sencillamente porque no existen. Es más, no soporto esas recetas de barra de bar para enfermedades terminales, a las que tan dados somos los españoles. Y confieso que cuando algún amigo comienza a hablar de los problemas nacionales con la muletilla de esto es muy sencillo’, suelo darme media vuelta y continuar mi camino. 
Pero lo mismo me ocurre cuando se da el caso contrario. Es decir, que también me da por coger carretera y manta, apagar la radio o cerrar el periódico, cuando ante obviedades de Perogrullo aparecen predicadores, comisiones de trabajo y sesiones de debate infinitas de personas con aparente sentido común, que no dejan de dar vueltas en círculo repitiendo permanentemente parecidas soluciones, pero expresándolas en versiones diferentes para justificar su trabajo, para hacerse ver o por el puro narcisismo de escucharse a sí mismas.
La verdad no suele fallar ni cuando se pretenden resolver cuestiones llanas o, peor aún, otras más espinosas. La verdad, aunque no sea ni homogénea ni agradable.