LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Crispación

02/05/2021

Madrugada oscura, de tinieblas y muerte. Los uniformados franceses, los mismos que iban a ayudar a España a conquistar Portugal para repartirse el territorio, se disponen a ejecutar a todos aquellos ciudadanos madrileños que, sin juicio previo ni defensa alguna, son tildados de insurgentes. Los soldados de Napoleón, mimetizados en bloque, apuntan con sus bayonetas hacia el frente, a los pies de la montaña del Príncipe Pío, mientras la luz de un farol dispuesto sobre la tierra ilumina su objetivo. El miedo y la resignación se perciben en unos rostros, algunos desdibujados, que se asoman a la escena como sombras inconcretas de una tragedia que se exhibe en el suelo, donde la sangre se expande y los cuerpos inertes de los primeros fusilados yacen moribundos y amontonados.

El pueblo se ha revelado contra un invasor que intenta el control a través del engaño. La dignidad se erige en el centro, llena de luz, a través de ese hombre arrodillado y con los brazos en alto, de camisa blanca desabrochada, cargada de trazos impresionistas, símbolo de esperanza y de lucha por la libertad, que asume su final con valentía, sobresaliendo en una escena cruel de la madrugada del 3 de mayo en un Madrid que se ha levantado en armas para rebelarse contra la ocupación gala. Los sucesos son uno de los primeros episodios de lo que supondrá la Guerra de la Independencia.

El cuadro de Los fusilamientos, que fue un encargo por la llegada a España del nuevo monarca y que algunos ponen en duda que su autoría fuera de Francisco de Goya por sus trazos y formas alejadas de su prolífica obra antes de esta etapa, es extraordinario. El maestro aragonés anticipa lo que años más tarde se consideraría el inicio de sus pinturas negras, con una serie de creaciones que reflejan los horrores de un conflicto bélico, que sacó a la luz los instintos más bajos y rastreros -ahorcamientos, decapitaciones, violaciones...- del ser humano y de los que él mismo llegó a ser testigo directo.

Madrid celebra el Día de la Comunidad este 2 de mayo, conmemorando más de 210 años de unos hechos que comenzaron con el motín de Aranjuez, pasaron por una represión contundente y cruel de los franceses y acabaron con la expulsión del Ejército galo de la Península. Sólo dos días después de esta efeméride tendrán lugar unas elecciones autonómicas cuya campaña ha estado marcada por una crispación generalizada, que ha dejado de lado los programas y las políticas que las distintas formaciones pretenden llevar a cabo para dar paso a los insultos, al enfrentamiento y, en definitiva, a la confrontación más radical de los últimos años.

La campaña electoral en Madrid ha sido infame, reflejo de un país que hoy tiene a representantes que parecen no haber aprendido nada de su historia reciente, de lo que supuso una guerra civil fratricida, en la que se vivieron luchas entre familiares o vecinos que defendían a distintos bandos y que, en ocasiones, sus diferencias nada tenían que ver con la ideología, sino que se correspondían con la envidia y el revanchismo más rancio y atroz.

Algunos se empeñan en lanzar mensajes en los que parecen querer olvidar que España vivió una transición, donde todos, pese a sus grandes diferencias, trataron de alcanzar el consenso a través de la negociación con el objetivo de sacar adelante una Constitución que respetara las singularidades de cada territorio y que, al mismo tiempo, contemplara derechos y deberes para afrontar el futuro con garantías democráticas. La reconciliación, para aquellos que hoy quieren cambiar el relato y pese a que aún queden heridas por cerrar, fue verdadera.

Los ataques entre Vox y Podemos han marcado el paso, enrareciendo un clima ya de por sí polarizado. Los extremos, esos que se muestran tan distintos pero que tienen mucho en común, han lanzado mensajes constantes contra sus adversarios, elevando cada día más el tono, dejando en la retina escenas tan patéticas como la acaecida en un debate de la cadena SER, donde Rocío Monasterio, la candidata del partido que preside Santiago Abascal, abundó en la provocación y dejó caer que las amenazas recibidas por Pablo Iglesias, con el sobre y los cinco proyectiles, no eran creíbles, o como la negativa de parte de la izquierda en el Ayuntamiento de Madrid a condenar los intentos de agresión y el lanzamiento de piedras que sufrió Vox en su visita a Vallecas.

Goya se acerca con su asistente hasta el lugar de los fusilamientos para perfilar su cuadro y luego poder recrear los detalles. El criado pregunta al pintor por qué lo hace y el maestro le confiesa que es para decir eternamente a los hombres que no sean bárbaros.

Las urnas tendrán la última palabra, pero, a pesar de que Gabilondo ha tendido la mano a Iglesias y a Más Madrid, la victoria de Ayuso, como apuntan las encuestas, parece incuestionable, aunque, eso sí, quizás necesite el respaldo de Vox para gobernar ante la probable debacle de Ciudadanos. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ya ha dejado claro que prefiere pactar con los de Abascal que hacerlo con Bildu, dando pistas del escenario que puede quedar tras el 4-M.



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