Mens sana in corpore sano

Rocío Martínez


Los últimos románticos

15/09/2020

Aquí tenemos de nuevo la Liga. Otra vez con gradas desiertas, mudas. Nos hemos acostumbrado, qué remedio, pero el fútbol así es menos fútbol. Todo lo es sin esa pasión de la hinchada obligada por la pandemia a celebrar victorias, o lamentar derrotas en la soledad del sofá. Porque cada vez tengo más claro que los aficionados son casi los últimos románticos del deporte rey. Si hasta un mito que llega a un club siendo un niño pretende poner punto y final a una relación de 20 años mandando un burofax, es que el romanticismo está en vías de extinción. 

Y sí, por muy millonario que sea, Messi tiene derecho a querer, o necesitar un cambio de aires, porque como decía la telenovela, los ricos también lloran, pero, Leo, así no. Sin público en las gradas nos quedaremos sin escuchar el veredicto culé en forma de perdón, agradecimiento, admiración o tirón de orejas, pero bien está lo que bien acaba y celebro que siga en la Liga. Y como no me gustó la pataleta de Messi, tampoco me gusta que un futbolista llegue a la pretemporada pasado de peso, otra vez. No, no sois personas normales, y me parece una desfachatez que un futbolista de élite no se cuide en vacaciones. Que seguro que Hazard ha sufrido muchísimo porque las lesiones son sin duda lo más duro del deporte, pero, ¡hombre! pon algo de tu parte, que queremos ver al Hazard de verdad, aunque sea por la tele. 

Al que se me han quitado ya las ganas de ver, y mira que siempre defendí que era un súper clase, es a Bale. Hace tiempo que el fútbol, o al menos el Madrid, le resbala, ha tirado la toalla, pero oye, que no se va. A veces me pregunto en qué momento aquellos niños que soñaban con ser futbolistas y se convirtieron en algunos de los mejores perdieron el romanticismo o el sentido de la realidad de ser conscientes de que son unos privilegiados. Hablando de realidad, la que vivimos sigue siendo difícil, y ni la burbuja del fútbol se libra de ella. Mala señal. Maldito coronavirus.