Plaza Mayor

Maricruz Sánchez


Mi mejor amigo

22/04/2021

Envuelta en una mantita, tendida en el suelo, siempre al lado de su dueño. Luna pasa las horas en la puerta de una de las tiendas que ocupan la céntrica calle que recorren a diario miles de personas. Pasan con prisa delante de sus ojos y, la mayoría de las veces, ni siquiera reparan en su presencia ni en la de su compañero. Acomodado sobre un cartón, con todas sus pertenencias apiladas en una mochila, él también se protege del frío como puede. La ciudad es conocida por su clima inclemente y, aunque esta calle en concreto está protegida de la intemperie, las articulaciones se entumecen a medida que avanza la jornada.
Una moneda golpea al caer el plato que hay frente al hocico de Luna y la perra levanta la mirada ligeramente. A su espalda escucha como su dueño emite un farfullo de gratitud y cierra de nuevo los ojos, para acomodarse dentro de su mantita. Ese sonido, el de la moneda golpeando el plato, es buena señal. Lo ha aprendido con el tiempo. Significa que su compañero comprará luego algo de comer para los dos, porque en el equipo que forman siempre van al unísono. Él es su mejor amigo y quien cuida de que tenga lo básico para sobrevivir. Ella le corresponde con su lealtad y su cariño incondicionales.
Es difícil llegar a entender, siquiera poder acercarse a apreciar, el significado de un animal de compañía para una persona que vive en la calle. El sentido que alcanza ese ser para alguien que no tiene nada más en la vida que a sí mismo y a su mascota, por llamarla de alguna manera en este caso. Porque es mucho más que eso: lo es todo. Una mirada, una caricia cuando pareces no importarle a nadie; cuando eres una ciudadano invisible para el resto de la sociedad y, además, el hecho de tener un animal te priva de la poca ayuda que te presta un sistema insensible a algo tan humano como querer ser querido.
En memoria de Beethoven y Scooby.



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