Todo el país estaba confinado. Un virus que se propagaba con mayor facilidad en las zonas con más concentración de personas por metro cuadrado lo había cambiado todo. En ese momento se habló del potencial del medio rural, de los pueblos, de la España Vacía o de la España Vaciada, cada uno la llama como quiere. Los expertos y las voces con altavoz adelantaban que esto suponía una oportunidad para el medio rural, que todo el mundo iba a querer veranear en la España Vacía, que las que más difícil lo iban a tener eran la grandes ciudades... pero dos meses después de que finalizara el estado de alarma poco ha cambiado.

La gente sigue pasando sus vacaciones y dejando su mayor parte de ahorros en las zonas de costa, es lógico, hace calor y nadie puede competir con una playa, y las ofertas laborales siguen siendo más en las grandes urbes. Hasta aquí, lo esperado; pero la otra parte, la de que los pueblos iban a soportar mejor esta crisis, tampoco se ha cumplido.

El pasado 7 de agosto Aranda de Duero, una ciudad pequeña o un pueblo grande, pero en definitiva, un municipio más vinculado al medio rural que al urbanita, era confinado con una incidencia de unos 65 casos de coronavirus por cada diez mil habitantes, una proporción igual a la que ya registran algunas zonas de Madrid e inferior, tres veces inferior, a la de la mayoría de áreas de Barcelona en aquel inicio de agosto. En resumen, se confinaba la capital de la Ribera mientras nadie se atrevía ni a sugerirlo para las dos grandes ciudades del país.

Aquí surge una pregunta que enfada: ¿por qué alguien de Barcelona podía ir a Roa y alguien de Aranda no? A su vez, el confinamiento arandino demostraba una realidad: se van a confinar antes pueblos que grandes ciudades aunque su incidencia de la covid-19 sea más baja. Otra vez la historia de siempre, otra vez salen ganando las grandes urbes.

Quizá la medida de la Junta sea la más acertada, en términos sanitarios es mejor tener médicos al frente, pero mientras confinas a tus ciudadanos y dejas entrar a los visitantes refuerzas la idea de que los pequeños, los del medio rural, siempre pierden.