Pensar con los ojos

Juan Francisco Lorenzo


Ciencia y ruido

04/01/2021

Lo diré sin rodeos: la mayoría de las enfermedades que padecemos son crónicas, no tienen curación. Unos ejemplos: la diabetes se controla pero no tiene curación; la hipertensión arterial se mantiene estable con medicación pero en la mayoría de los casos no desaparece. Las enfermedades pulmonares crónicas como el EPOC se controlan en los episodios de agudización pero no curan definitivamente. Enfermedades como el Párkinson o la Esclerosis múltiple tienen buenos tratamientos pero hay que aprender a convivir con ellas. ¿Y qué se cura entonces? 
Pues curan los cirujanos extirpando tumores por ejemplo y se curan muchas enfermedades infecciosas. Bacterias, virus, hongos, parásitos y protozoos pueden enfermarnos pero muchas de estas infecciones se pueden curar. Los antibióticos eliminan las bacterias y hay medicamentos para eliminar hongos, protozoos y parásitos. Pero los virus son otra historia. Hay escasos fármacos viricidas, que maten virus, el éxito más reciente ha sido el tratamiento del virus de la hepatitis C con la aparición de unos fármacos que lo eliminan, y en el caso del VIH hay fármacos que lo neutralizan. Para el resto de virus la ciencia recurre a las vacunas que son medicamentos inteligentes que estimulan el sistema inmunológico para que cree anticuerpos y células activas frente a lo que nos agrede. La vacuna del covid no se ha logrado en un año, se han utilizado los conocimientos previos adquiridos durante años con otras vacunas, aprovechándolos para conseguir esta.
Esta vacuna es tan segura como cualquiera, eficaz en el porcentaje que se le debe exigir, y es la única alternativa científica para controlar la pandemia. No tiene chips, no es diabólica ni tiene afiliación política, todos deberíamos ponérnosla. 
Con vacunas se erradicaron la polio y la viruela. El calendario vacunal pediátrico ha sido clave en la mejora de la supervivencia infantil en todo el mundo, y hace tiempo que se investigan vacunas para curar diferentes tipos de cáncer.
El covid ha activado a la ciencia pero ha generado mucho ruido, y el conocimiento no viaja entre el ruido, se genera en silencio, soledad, colaborando, con inteligencia y humildad. Así trabajan los buenos científicos.