Plaza Mayor

José Manuel Pérez Ovejas


La vacuna salvadora

03/01/2021

El pasado 27 de diciembre fue un día histórico en nuestro país. Con la primera persona vacunada contra el coronavirus (¿cuántas niñas nacidas estos días se llamarán Araceli en su honor?) se escribía un hito de esperanza, el comienzo del fin de esta pandemia que ha atrapado al mundo. Y ha sido Pfizer, el prestigioso laboratorio norteamericano (creador también del célebre Viagra que alegra la vida a tantas personas), quien ha desarrollado esta inyección salvadora. Tengo la enorme suerte de conocer a Emilio Moraleda, expresidente ejecutivo de Pfizer España y alto responsable de la multinacional en Europa. 
Con él he tenido largas conversaciones (desgraciadamente, por teléfono, y no a los postres, como antes de marzo) en los últimos meses, en las que la covid era convidada ineludible. «No te quepa la menor duda: el mundo lo mueve la ciencia. Es la base de la naturaleza», solía decir. «La solución sólo vendrá a través de los científicos y será un laboratorio norteamericano quien desarrolle la vacuna que salve a la humanidad». 
No se equivocó Moraleda, quien también ocupó la presidencia de Farmaindustria, la patronal del sector. Los profanos intuíamos que la investigación en EEUU está muy por encima del resto de países y que allí se destinan muchos recursos económicos -ahora, con más motivo- para salvar vidas. «Para progresar hay que invertir en investigación, no queda otra», decía. Hace semanas, cuando se anunció la vacuna, mi whatsapp era una reverencia: «Emilio, qué razón tenías».
Cuentan sus responsables que esta vacuna no deja de ser una verdadera innovación, ya que está basada en ARNm que codifica la proteína S del SARS-CoV-2 en una nanopartícula lipídica. Tanto tecnicismo nos suena a música celestial, como las de Moderna y Oxford/AstraZeneca, que permitirán la vacunación masiva en todo el planeta. Vayan pasando, hay luz al final del túnel.