Petisoperías

Vladimir V. Laredo


La niña

07/04/2021

Y a les he comentado en otras ocasiones que una de mis aficiones favoritas, esa que me distingue ya de la gente joven y me abre las puertas con alborozo a la pre-vejez, es la de dar largos y saludables paseos por la ciudad y sus alrededores. No exagero si les digo que, en alguna ocasión, he llegado a caminar más de veinte kilómetros dando una vuelta al término municipal completo, con una de esas apps que te animan a patear sin parar hasta que se acabe la batería del móvil. O la mía.
En estos paseos, a veces, saco fotos a cosas que luego subo a las redes sociales pero que muchas veces no. Me cruzo con personas a las que veo cada vez que voy caminando por donde sea, y a veces con gente a la que no conozco de nada porque nunca la he visto antes. Ni después. Bueno. Pues el otro día, caminando, como digo, hecho un cuadro, por cierto, que hay que verme, observé a una niña pequeña, de unos tres o cuatro años, con un patinete, a toda pastilla. Entre aquella niña y yo había una calle, dos carriles, un paso de cebra, un semáforo. Ella corría y corría hacia mí, aquel patinete echaba humo. Miré a su alrededor y al fondo, bastante lejos, dos parejas de adultos con bastante cachaza iban charlando, a lo suyo.
El caso es que yo miraba a la niña, a la que sólo le faltaba soltar el ¡Bip! ¡Bip! del Correcaminos mientras se deslizaba, abalanzarse sobre el paso de cebra, cada vez más cerca. Ninguno de los adultos parecía percatarse de la situación. Mis músculos se tensaron, salí a la carrera, miré a ambos lados y crucé el paso de cebra corriendo para evitar que la niña lo atravesara con su patinete Moto GP. Me planté frente a ella, con los brazos abiertos y alargando las piernas como si fuera el mejor portero de balonmano del mundo para evitar que llegara hasta la calzada. Fueron apenas dos segundos, a lo sumo tres. Y justo cuando creí que ya era todo inevitable, la niña frenó de manera inapelable y me dijo con su media lengua de trapo: «¡Oye, que no se pasa estando en rojo!», se dio la vuelta y se marchó con los adultos. Adultos que, al cruzarse conmigo, me miraban con cara de desaprobación mientras yo miraba al suelo.
                              @VladimirConV



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