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Martín García Barbadillo

Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


Utopías

13/09/2021

Dos meses y algo sin emborronar este rincón y ya le empezaban a uno a entrar picores… Por no poder hablar del Silo, claro, en todas sus variantes. Las novedades son las de siempre, es decir, no hay novedades: el centro de salud sigue acumulando ruina antes de nacer y el aledaño silo agrícola hace lo mismo después de fallecer. Todo en orden. Pero, a pesar de todo, me di una vuelta concienzuda por allí. Y qué quiere que le diga, solo le vi posibilidades, en cada rincón. De hecho, me resulta inverosímil que ningún/a responsable municipal se haya puesto manos a la obra para dar el meneo que esa zona ofrece a poco que se la mire cinco minutos. Dejémonos de norias, concursos de arquitectura internacionales de pueblo y pamplinas y permitamos que surja el flow que esta área encierra.
En mi paseo vi de todo. Hay una cancha deportiva, dos campos de fútbol de tierra (manifiestamente mejorables, en los que se reúnen los fines de semana comunidades de nuevos burgaleses con origen en otros países), una pista de tuta devastada y jardines en distinto estado de conservación (incluyendo el pésimo). Además, están las piscinas y su solárium de exterior y el propio silo agrícola con su especie de plaza grande, abandonada y, por supuesto, cerrada. Todo ello, al lado del Bulevar, guía y faro del futuro burgalés.
Entonces, plantado frente a la torre del Silo, lo vi claro: construir un espacio peatonal enorme que se dirija al edificio, emblemático como pocos en esta ciudad; una especie de avenida para personas con parques, canchas, bancos, lugares para skate, para mayores, para lo que usted prefiera. Cabe lo que imagine. Arreglar la pista de tuta, unir los campos de fútbol a la piscina y adecentarlos y, sobre todo, tomar El Silo y convertirlo en centro cultural-social-artístico-juvenil-de mayores, con rocódromo, sala de conciertos, de lectura de prensa o de lo que a usted le venga en gana. Es decir, un corazón latiendo en Gamonal a 180 pulsaciones por minuto.
Y que no me digan en el Ayuntamiento que eso tiene que ser carísimo. Lo que sucede es que no se les había ocurrido, aunque lo tuvieran delante de sus narices. No pasa nada, les regalo la idea, pero a ponerse. Salud y alegría.