Plaza Mayor

Aurora Lázaro


Generosidad y castigos

11/08/2020

Este extraño 2020 está poniendo a prueba nuestra capacidad de adaptación, resiliencia, disciplina, generosidad…  Si lo miramos en conjunto, igual sacamos un aprobado.  Pero es persona a persona donde se encuentran  esos datos realmente válidos que nos permitirían trazar unos mapas de previsión de comportamientos y planificar con más precisión.

En el caso de la pandemia que nos ocupa la trazabilidad es fundamental para evitar estigmas y dar palos a ciegas que pueden solucionar (temporalmente, no nos engañemos y a la vista está), un problema de salud pero empeorar a largo plazo  la economía y el bienestar social.

Da igual que la gran mayoría de un conjunto de personas sea disciplinada y generosa con sus semejantes. Si uno o varios elementos se saltan permanentemente las normas, son egoístas, inconscientes o descerebrados y tienen escasa empatía, eso tiene una repercusión en los demás.

Pero si encima el ente que tutoriza a ese grupo está desprevenido cuando surge el problema,  mira para otro lado o no tiene los medios para investigar la situación, ¿qué medidas puede adoptar?  ¿Cortar el problema de raíz aplicando un castigo general? Esto es sumamente injusto (que levanten la mano los que han sufrido algo parecido en su infancia, en la familia o en el colegio)  e, insisto, soluciona el conflicto por un tiempo. Pero no la raíz del problema.

No se trata de buscar continuamente culpables y señalarlos con el dedo; es ridículo, entre otras cosas porque no es verdad que sean un grupo determinado de ciudadanos o una ciudad concreta los principales causantes de la expansión de un virus del que aún se desconoce casi todo. Es todo un conjunto de comportamientos y decisiones las que terminan por hacer explotar una situación. Por ello, se trata de conseguir, ya con extrema urgencia, esa trazabilidad tan necesaria para entender, científica y socialmente, esta maldita pandemia.