Plaza Mayor

María Vélez


T, de 'tiempo'

18/03/2021

Y Pablo, el violinista, casi uno más en casa de muchas familias españolas gracias a la pequeña pantalla, no se llevó el bote de 1.294.000 euros. Faltó un solo acierto para completar el famoso rosco de Pasapalabra. Desde entonces, de eso hace tres escasas semanas, la situación se ha repetido dos veces más -11 en total lleva el tinerfeño-. Lo que no ha vuelto a verse es la promoción vinculada al respecto de la cadena. Siete millones de espectadores, en el minuto de oro del Pasapalabra más visto, eligieron vivir en directo la emoción y el vértigo del concursante ante la posibilidad de semejante premio. Muchos se sintieron engañados por las expectativas generadas por la cadena al comprobar que no lo consiguió. ¿Y qué?  
Fue, simplemente, un buen rato televisivo capaz de remover a un gran volumen de audiencia, en el que la opción de disfrutar el momento se impuso a la creciente televisión a la carta, un instante para poner en valor el entretenimiento y la compañía que suponen hoy los concursos de televisión. 
Me quedo también con el destino que daría el concursante al dinero. Entre otras cosas, compraría tiempo para estudiar porque es lo que le gusta. Poder permitirse el lujo, en definitiva, de invertir tiempo en lo que uno desea sin otras grandes obligaciones.  
Qué codiciado en días como hoy el intangible del tiempo. Pasa y nunca se repite. Y sobre ello la pandemia ha hecho reflexionar a cualquiera. Imagino que también a nuestros políticos, a quienes en la parte de las horas asignadas a cumplir sus tareas no les vendría mal saber frenar a tiempo. Para evitar terremotos políticos; para dejar de alimentar sus egos; para ocupar su jornada laboral en lo que urge a España, muy lejos de sus broncas banales. Mientras, pese al circo parlamentario, sin dejar de cuidar nuestro mañana conviene exprimir cada día. Carpe diem.



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