Señales de vida

María Jesús Jabato


Un adjetivo

25/09/2020

En su Carta del pasado domingo, el director de este periódico calificó al portavoz de Ciudadanos, Vicente Marañón, con dos adjetivos: endomingado y voraz. Valle Inclán utilizó tres para definir al marqués de Bradomín, que a su decir era feo, católico y sentimental. Él mismo se describió como solo, altivo y pobre, en carta enviada a un diario, porque entendía que los adjetivos deben ir de tres en tres, formando racimos impares, así que si queremos cumplir la regla valleinclanesca, nos falta uno para colgárselo a Marañón en la solapa y hacer de él literatura, porque la literatura está en el adjetivo, como afirmaba Azorín.
El alcalde De la Rosa va a pactar con Marañón los presupuestos y otros flecos de la política local, pero este quiere a cambio, además de la vicealcaldía y alguna menudencia de su programa electoral, ser portavoz municipal, lo cual implicaría que a De la Rosa se le caerían uno a uno los pétalos del apellido, que quedaría convertido en un tallo con espinas. La voz, eso es lo que quiere Marañón, tener voz, palabra, presencia, comparecer ante los medios para que se le vea, para que se le oiga, para que se le sienta. Es esta una pretensión rayana en la chulería, lo cual no quiere decir que el concejal Marañón sea chulo, o sí, porque como dijo Ángel Antonio Herrera, el chulo en rigor es un ejemplar de raro macho cumplido que gasta empaque de matador sin estoque, y Marañón viene enfundado en sus atildados ternos para matar, para dar la puntilla a De la Rosa y a sus muchachos, que agachan ya la testuz cediendo cargos para facilitar el trance. Hay que militar en la chulería para pretender ser la voz del gobierno municipal con un haber electoral de cinco concejalías de un total de veintisiete, así que es claro que en la tormenta municipal que se avecina este otoño, Marañón no solo va de relámpago; va también de trueno. Endomingado, arrogante y voraz, ahí está la triada valleinclanesca. Seguramente no lo agradecerá, pero a golpe de adjetivo, el concejal Marañón es ya más que política; es literatura.
mariajesusjabato@mariajesusjabato.com



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