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Ignacio Camarero

Dibujos de Ciudad

Ignacio Camarero


La contraseña

21/11/2021

Once y media de la mañana. Mi móvil notifica un nuevo correo. Es en la cuenta de la Universidad. Un link me dirige a una página con toda la parafernalia de la Institución. Mi buzón está lleno, dice. Se necesita mi contraseña para validar la solución. El siguiente email que recibo es un chorreo. Era un cebo. Mis compañeros informáticos me reprochan mi descuido. Pequeño fallo, lo llaman. ¡La que has liado...! ¡Piénsalo bien antes de meter contraseñas...! La campaña es ingeniosa. ¡Todos somos ciberseguridad...! Me hace sonreír. A continuación, hago memoria. Una. Dos. Tres. Entrar a mi banco. Comprar café. Descargar la factura de la luz. Era la novena vez que aquella mañana tecleaba el número de teléfono de una de mis exnovias. No conozco contraseña más segura. Por curiosidad, además, trato de calcular la cantidad de ocasiones en las que he desbloqueado mi teléfono. La estadística dice que lo hago, ustedes también, 150 veces al día. Una, cada seis minutos de vigilia. Y que son tres, al menos, las horas que paso buceando en internet. En ese momento, se me enciende una luz. El origen de mi adicción, mi culpa, procede también de un grupo de informáticos. Y también de universidad. El Laboratorio de Tecnología Persuasiva de Stanford -el nombre no permite la sospecha- está en pleno corazón de Silicon Valley. Allí nació Instagram. Economía del Comportamiento, Psicología y Neurociencia explotando la vulnerabilidad de la mente para provocar dependencia. Así lo ha explicado Sean Parker. Fundador de Facebook. El gancho inicial se construyó desde la expectativa de que todo en la red tenía que ser gratuito. Las empresas que se creaban para ganar dinero sin cobrar a sus usuarios. El primer producto lucrativo fue la publicidad. A continuación, las bases de datos. Hoy lo que se vende es el tiempo. Pero el de ustedes. El mío. La capacidad de las plataformas para generar permanencia. Marc Randolph, cofundador de Netflix, ha declarado que el mayor enemigo de su marca es el sueño. Que cada minuto que dormimos es dinero que ellos pierden. Así que, ya saben, cuídense. Primero, de los hackers. Pero también de la culpa de la nueva ciberseguridad.