RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Alberto Oliart, un modelo de político

21/02/2021

Alberto Oliart (Mérida, 1928-Madrid, 2021). Con su muerte se cierra una biografía que podría ser microcosmos o modelo de un tipo de élites que sacaron a España de una senda secular de autarquía, y que la Transición supo hacerlo en paz. 
En efecto, Alberto Oliart resume, en su vida pública, el movimiento histórico por el cual España, de estar sometida al aislamiento cultural e internacional del primer franquismo totalitario, fue abriéndose política y económicamente a las democracias liberales de Europa y de Estados Unidos, por efecto de las medidas gubernamentales impulsadas por Alberto Ullastres (1914-2001) y Laureano López Rodó (1920-2000). Ese tránsito de la autarquía a una cada vez más liberalizada economía de mercado, aunque con retrocesos -el último, el aislamiento de España con los fusilamientos de 1975, al final del franquismo- , supuso que la economía y las nuevas normas jurídico-administrativas relacionadas con ella, estaban facilitando una transición hacia modelos productivos del Mercado Común europeo, que tuvo consecuencias cruciales. 
La España franquista, a diferencia del régimen de Portugal, al orientar su economía hacia el comercio internacional, no pudo evitar que las élites de funcionarios, empresarios, creadores, intelectuales, trabajadores, y demás agentes vinculados al desarrollo del capitalismo cosmopolita, impulsaran una democracia como la de los países occidentales europeos. 
Alberto Oliart formó parte de los grupos que hicieron posible ese cambio, y mientras en Portugal fue el ejército, y no las débiles élites socioeconómicas, quién destruyó con una revolución el régimen autárquico Salazar-Caetano, en España fueron las élites pro-europeas quienes impulsaron las necesarias reformas políticas del Estado, y una vez pactada la solución a los desajustes económicos producidos por la crisis económica de 1973, esos diversos grupos ideológicos vieron con el acuerdo, llamado ‘consenso’, la oportunidad de sacar adelante sus ideas democratizadoras frente al franquismo, que aún permanecía adherido, de manera profunda, en los ejércitos, y en sectores sociales identificados con la dictadura.
La biografía de Alberto Oliart, como si fuese un modelo a escala individual, nos muestra la evolución de una sociedad, la española, que pasaría de la autarquía totalitaria de antes del plan de estabilización de 1959, al crecimiento del capitalismo de los planes de desarrollo de los años sesenta y setenta, para llegar a las reformas económicas y políticas de la Transición, años que van de 1976 a 1982, durante los cuales Oliart fue tres veces ministro, y diputado de la mayoría gubernamental, responsable de la aprobación del Estatuto de Autonomía del País Vasco, la primera norma que demostraba que la descentralización política del Estado iba en serio, a pesar de que entonces ETA llegó al récord de terror y de vesania. 
En 1950, Alberto Oliart terminaba con sendos premios extraordinarios sus estudios de Derecho en la Universidad de Barcelona, y es significativo del escuálido atractivo de las profesiones empresariales de entonces, para un prometedor recién licenciado como era Alberto, que sus deseos profesionales se dirigieran, además de sus preferencias por la escritura y el arte, hacia la diplomacia y el servicio jurídico del Estado. Consciente de su déficit en lengua inglesa para ser diplomático -que subsanó siendo adulto (¡y muestra de la autarquía de aquella época!)-, Oliart se lanzó a preparar las oposiciones de Abogado del Estado, y para asombro de muchos (pues no gozaba de las típicas ventajas corporativas), las sacó a la primera, y con puesto destacadísimo. En los tres años preparando su oposición, fue cuando él se vincularía con Madrid, en primer lugar conociendo al amor de su vida, Carmen Delgado de Torres (-¡al final de su vida, Alberto decía que lo mejor era estar sólo con ella!-), pero pronto descubriría que Madrid sería la capital política del Estado, mientras Barcelona ostentaría -hasta el nacionalismo pujolista- la capitalidad cultural de España.
En 1953, Alberto Oliart era abogado del Estado, y pudiendo haber elegido destino en provincias más dinámicas y atractivas, comenzó en Ciudad Real -porque estaba cerca de su familiar Extremadura- su carrera como servidor del Estado. Su recorrido profesional es un mapa del Estado: de la provincia de Ciudad Real, pasa al ministerio de Hacienda, a Renfe, al Tribunal Supremo, y después, con el despegue económico, se sitúa al frente de los bancos más dinámicos de la época, el Hispano Americano y el Urquijo. Identificado con el reformismo del rey Juan Carlos, y con Adolfo Suárez, un demócrata de gran prestigio profesional como él, y con amplísimas relaciones de amistad con dirigentes políticos de todo el arco ideológico, Oliart no podía quedarse en el mundo, ahora limitado, de los banqueros y empresarios: fue natural que asumiese, con gran desgaste personal y familiar, el compromiso político. Manuel Fraga, se equivoca en sus memorias pues dice que Oliart era un frío hombre de negocios. Todo lo contrario, Alberto Oliart, siendo con Manuel Gutiérrez Mellado y Narcís Serra, los tres nombres más decisivos en la transformación de las Fuerzas Armadas españolas, figura ya como una figura ejemplar de la lucha por la democracia, surgida con la Constitución de 1978. Una coda final: aunque parezca que la democracia iba a llegar naturalmente, lo cierto es que inteligencias políticas como la de Alberto Oliart lograron que España no perdiera, una vez más, su oportunidad de ser una importante nación europea.



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