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Belén Delgado

Plaza Mayor

Belén Delgado


Racismo olímpico

09/08/2021

Me interesa más la belleza de la superación deportiva que el hecho de que el que gane sea español, lituano o de Papúa Nueva Guinea. Dicen que los países celebran hoy en los estadios las ‘competiciones’ que antes eran en el campo de batalla. Mejor subir a un pódium que a los cielos en combate o al valhalla vikingo, que viene a ser lo mismo. 
Estas atípicas y frías olimpiadas de Tokio, con sus horarios imposibles, merecerían sumar una nueva modalidad para futuras ediciones. La del racista de salón. Ahí sí que teníamos garantizado que España subía al cajón seguro. Sin las decepciones que nos están dando deportes en los que nos creíamos los mejores. Ya antes de empezar la competición, tuvimos a un candidato a medalla. Y para más inri, diploma olímpico en Atlanta 96. Al vallisoletano Isaac Viciosa le molestó que le batiera su récord de atletismo un chico murciano que se apellida Katir y se llama Mohamed. «Preferiría que tuviera apellidos castellanos», dijo. Katir le ha respondido que es cien por cien español y que está muy orgulloso del apellido de su abuelo marroquí.
Alumbrado por la llama del pebetero, destacó otro gran atleta de la causa racista, el diputado de Vox Juan Luis Steegman (apellido que se intuye de larga raigambre castellana, ¿verdad?) agradeció las medallas de Ray Zapata y Ana Peleteiro, «ejemplo de la emigración que necesita España». Cuando uno oye hablar a Peleteiro, que es de la villa mariñeira de Ribeira y tiene más acento gallego que Moncho Borrajo, no le queda más remedio que darle el oro a Steegman sin competir.
Si lo que preocupa a algunos es que nuestros deportistas se apelliden Pérez, Martínez o López, ahí van tres excepciones que nadie discutió en su día. Aunque hay docenas. España es muy buena en deportes de equipo gracias a deportistas como Di Stéfano (fútbol), Clifford Luyk (baloncesto) o Talant Dujshebaev (balonmano), cuya participación en nuestras selecciones nacionales marcaron el antes y el después. Nadie les discutió nunca su origen.
El deporte se ha convertido a lo largo del siglo XX en una de las más sanas formas de unión,  globalización y disfrute del mundo. Si la recién fallecida Pilar Bardem dijo una vez que «mi patria está donde comen mis hijos», otros podrán decir que «la mía está donde gano mis medallas». Sayonara, Tokio.