Dos minutos

Luis J. Minguito


Aliento

23/12/2020

Lo importante que es tener la oportunidad de jugar contra un equipo como el Barça B y qué poco se valora. Qué poca relevancia se le da a llegar a un partido así con la ocasión de poder pegarle un bocado al líder y cuan necesario es hacerlo con público, con su aliento.

Volvía el respetable a El Plantío y lo hacía con muchas garantías sanitarias, las necesarias. El obligado divorcio entre la grada y el UBU San Pablo era ya algo excesivo, entendible, pero excesivo.

Pero más importante era para el equipo sentir su garra, esa que a veces es insuficiente, pero que resulta determinante. Hablamos, más que de aliento, de empuje.

Empuje que pedía Julián Rasero en cada defensa, el mismo que pedía Mijuskovic tras cada una de sus ‘Miles’ paradas. Coraje que necesitaba Dalmau una y otra vez después de romper la red rival 13 veces y convertirse en el héroe silencioso de un partido loco, intenso y sufrido.

Es indudable que el cuadro cidiano luchó, trabajó y, al igual que el Díaz de Vivar, venció después de muerto, porque al descanso se marchó tres goles abajo y la salida en la segunda fue digna de las grandes gestas del medievo. 

Sin embargo, qué hubiera sido del devenir del encuentro si la afición no hubiera jaleado, chillado y alentado con la emoción del primer día.

El de ayer fue un duelo de gigantes, uno de esos para disfrutar, para saborear y para guardar en el archivo de las grandes batallas.

Pero no fue fácil. Un choque como este ante un rival de tal calado puede acabar en una ruleta rusa. En una moneda al aire en la que el frenesí puede hacerte reír o llorar en un minuto. Una moneda que rodó de canto durante un buen tiempo, pero que acabó en cara, no por suerte, sino por el tesón de los burgaleses. La cara que no se pudo ver ante Novás, que salió cruz.