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Maricruz Sánchez

Plaza Mayor

Maricruz Sánchez


Tarifa

30/06/2021

Se abre en este rincón lleno de letras una ventana a un lugar lejano; de par en par, empujada por ese levante caprichoso que recorre cada espacio de la estancia para volver a salir por donde entró, haciendo danzar las cortinas. Una ventana por la que se ven tejados naranjas y llenos de terrazas con ropa tendida, los de esas casitas blancas que salpican un laberinto de callejuelas estrechas. Una ventana que huele a pescaíto frito y suena a carnaval.

Tras cruzar la Puerta de Jerez, caminando sobre un asfalto empedrado y casi siempre mojado a primera hora de la mañana, trato de llegar al Castillo de Guzmán el Bueno. El puerto está justo en frente, pero acelero el paso rumbo al Ayuntamiento. La Muralla de la Almedina está al lado y la mañana es clara, y casi seguro se verá Marruecos en la lejanía. 

Despeinada por el viento, caprichoso y juguetón, entro a la Plaza de Santa María. Allí, el tiempo se detiene. A la sombra plácida de sus árboles, con el sonido del agua en su fuente central, es lo más parecido a un oasis en mitad del desierto en el caluroso verano gaditano. Muchas veces me he sentado en esa plaza, en un banquito de piedra, y me he preguntado cómo era posible que un sitio tan maravilloso estuviera siempre vacío. 

En el mirador África se acaba este viaje, y allí me quedo, contemplando el horizonte con un abrazo amigo y cariñoso de una hija adoptiva del pueblo. Así se cierra esta ventana para que el recuerdo dé paso a la realidad y pueda empezar a escribirse una nueva historia: la de un verano más en Tarifa. Una vez leí que Tarifa era un lugar especial no solo por el carácter de los tarifeños, forjado a base de levanteras insufribles, sino porque allí se daban cita personas escupidas desde todas las partes del mundo en busca de respuestas. Siempre he pensado que era la mejor descripción de este sitio, al que amas u odias sin término medio, y al que vuelvo cada año cargada de preguntas.