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Esther Alonso

Ser o Tener

Esther Alonso


Puteros, chulos y mafiosos

30/06/2021

Me cuenta mi madre que cuando era joven se pintaba sólo una uña del dedo meñique y, cuando llegaba a casa, la mantenía oculta enroscada hacia dentro de la mano, porque entonces pintarse las uñas era para sus padres cosa de fulanas. Me cuento a mí misma que cuando con dieciséis años me pintaba la raya del ojo en el ascensor, para que los míos no me vieran, y me la limpiaba en el mismo sitio cuando regresaba, estaba repitiendo la misma historia que ella, treinta años después. 

A pesar de que la línea entre lo que se consideraba una chica ‘decente’ y lo que no ha ido haciéndose, por fortuna, cada vez más gruesa, lo cierto es que incluso hoy por hoy todavía persiste. Y lo hace como consecuencia, por un lado, del machismo social que aún cree que puede decir a las mujeres lo que pueden o no pueden hacer o enseñar de su cuerpo; y, por otro, con ese machismo institucional que mantiene a la prostitución en el limbo de la alegalidad, sin querer meter mano a un problema de siglos que ha conseguido adaptarse desde los puticlubs cutres de carretera y los apartamentos de toda clase, a la digitalización del consumo de sexo, encontrando en la tecnología una nueva ventaja, que facilita, más si cabe, la trata de seres humanos y, con ella, la vulneración de los derechos fundamentales más básicos para miles de mujeres y niñas en este país.

En una nación aparentemente saludable como la española, en la que hemos logrado prescindir del tabaco en los templos del humo, convenciéndonos, por fin, de su nocividad; abrocharnos el cinturón de seguridad a fuerza de perseverantes e impactantes campañas de tráfico, además de multas ejemplares; ponernos y poner el preservativo para evitar enfermedades de trasmisión sexual… En un país como España, en el que estamos a la vanguardia de derechos civiles como el matrimonio entre parejas del mismo sexo, y la recientemente aprobada eutanasia…, no logro explicarme cómo la prostitución se mantiene como un vergonzoso estigma que continúa poniendo el acento en las putas, en vez de en los puteros; en las putas, en vez de en sus chulos; en las putas en vez de en las mafias que las mantienen secuestradas. Cuando putero, chulo y mafioso se conviertan en un insulto más ofensivo que el de puta, quizá se pueda.