LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


La misión

20/11/2020

Había un crítico de cine que decía que no había buenas películas, sino las que te gustaban y las que no. A todos nos agrada la idea de poder criticar como si nos hubiéramos transformado en Petronio de un plumazo. Este argumento es discutible pero nos recuerda lo fundamental que es la libertad individual. El libre albedrío es la clave de una sociedad sana y fuerte.

Para aquellos que son creyentes, una minoría en peligro de extinción, el regalo de Dios al concedernos la libertad es un hecho desconcertante. La posibilidad de hasta repudiarle, es un misterio insondable para mí. Intuyo que más de uno guarda algún secreto personal inconfesable que explica su animadversión a la religión.

Últimamente intelectuales muy equilibrados y sensatos expresan su preocupación por la deriva social y pérdida de libertad de expresión que la dictadura de lo políticamente correcto está imponiendo. Nos avisan que el debate político se empobrece en sociedades donde el miedo y la ignorancia se impone, lo cual permite que haya políticos como Donald Trump, la oposición a las vacunas y que el cambio climático avance firme. Ensalzan la Ilustración y la revolución francesa como hitos en la humanidad al entronizar la verdad y el espíritu crítico como brújulas sociales.

Hay que estar muy confundido si uno repasa este párrafo y no detecta que hay contradicciones insalvables en el mismo. Trump no se quiere tanto como para pensar que posee alguna idea que vaya a trascender a su mandato, pero cuando se le ataca con tanta saña, en el fondo confirmamos nuestra suspicacia sobre la democracia. Cuando decimos que la Ilustración aportó luz es que no hemos leído mucho de las obras de sus autores, desconocemos todavía más sus biografías y nos deja indiferente el reguero de muerte que fue la Revolución Francesa. Los siguientes dos siglos en Europa no fueron muy buenos y solo el Atlántico protegió a Estados Unidos en su defensa feroz de la libertad individual, la libertad de conciencia y de expresión. Nuestro error es darlo por garantizado; como a las plantas, hay que cuidar dichas libertades.

Para crecer en la vida se necesitan dos cosas fundamentales: querer hacerlo y humildad. Tampoco viene mal saber perdonar los fallos propios y ajenos, porque nos recuerdan que el reverso de la libertad es la posibilidad de equivocarse. No somos perfectos, estamos aprendiendo y necesitamos algo de compasión. A la izquierda americana esa música le desagrada.


 



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