scorecardresearch
Jesús Quijano

UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Diez años sin ETA

18/10/2021

Efectivamente, diez años han pasado ya desde aquella tarde en que ETA anunció el fin definitivo de la lucha armada. Transcurre el tiempo a tal velocidad que a menudo se pierde la perspectiva, incluso de las cosas importantes. Y no debiera ser el caso. Fue aquello un acontecimiento de tal trascendencia que no puede quedar relegado como si fuera simplemente un episodio feliz que puso el punto final a una historia desgraciada.

Es posible que haga falta más tiempo y más análisis para valorar con toda profundidad porqué ocurrió aquello, cómo se desarrolló, cuáles fueron las circunstancias que condujeron al final, y qué huella queda todavía en un lado y en otro de lo que fueron espacios drásticamente separados por una trinchera insalvable, como lo fue la violencia ejercida, en sus más terribles manifestaciones y en direcciones diversas.

Un somero repaso a todo el proceso da como resultado una evidencia fundamental: que la acción policial y judicial, de creciente eficacia, fue un elemento decisivo; y que algunos consensos políticos básicos entre los partidos democráticos fueron igualmente decisivos. Lo fue aquel primer Pacto de Ajuria Enea, en el que el PNV rechazaba la violencia como procedimiento para conseguir los objetivos nacionalistas, coincidiendo con todos los demás en que de la violencia no podía obtenerse ninguna ventaja política; lo fueron otros, más o menos explícitos, a los que llegaron los dos principales partidos de gobierno, especialmente el Pacto Antiterrorista entre el PP, entonces en el gobierno, y el PSOE, entonces en la oposición; lo fueron también otros acuerdos más concretos, como fue el caso de la Ley de Partidos, que impidió a la vertiente política de la lucha armada aprovechar la democracia mientras no renunciara a la violencia, o de otras reformas penales, electorales, etc., que sirvieron para cerrar resquicios por los que se colaba la colaboración con aquella causa. También hubo discrepancias y utilizaciones indebidas del problema. Y todo debe formar parte de la memoria que distingue lo útil de lo indeseable.

Hoy todavía quedan pasos que dar; entre otras cosas, falta condenar aquello por quienes lo apoyaron; falta reparación y empatía con las víctimas. Y es de esperar que no tengan que pasar otros diez años para que el círculo se cierre por completo.