Libre de marca

Samuel Gil Quintana


El segundo trago

27/07/2020

A veces, basta con imaginar tu lugar favorito en el mundo para comprender que, si no estás en él, nada tiene sentido. Permítanme que rescate estas palabras, trazadas sobre estas mismas páginas hace algunas semanas, porque es exactamente lo que siento cada vez que pienso en El Plantío y no me importa repetirlo cuantas veces sean necesarias.
Hoy se vota en el Ayuntamiento de Burgos el pliego por la concesión del estadio municipal. Fuera de toda sorpresa, el Burgos  Club de Fútbol se convertirá en el adjudicatario de dicha concesión. No en vano, es la entidad futbolística más importante de la ciudad y, sobre todo, quien ha golpeado insistentemente la aldaba del consistorio para que sus plegarias fueran escuchadas. Se trata de un movimiento sin precedentes por el que Antonio Caselli, un forastero empeñado en convencernos a todos de que las cosas pueden hacerse de otra manera, ha peleado con vehemencia desde su llegada a Burgos.
Y sí. Tuvo que ser un extranjero quien empezase a llamar a las puertas que hasta entonces parecían cerradas. Como un muchacho ilusionado, sin miedo al color de la respuesta, capaz de bajar a bailar al sótano más oscuro con tal de ligarse a la mina de sus sueños. Tomó un trago y se repitió a sí mismo aquello que tantas otras veces había escuchado junto a la barra de un bar: el no ya lo tenía y no había nada que pudiese sorprenderlo. 
Si a estas alturas de texto piensan que se me ve el plumero, se equivocan. El plumero lo lleva en la mano Antonio Caselli, levantando el polvo que cubre de inmovilismo las instituciones burgalesas. Abriendo y removiendo cajones. Preguntando por qué esto va aquí o allá. Y equivocándose, claro. Otros, antes que él, jamás erraron. Como lo sabían todo, se quedaron en la barra y optaron por el segundo trago.?