Plaza Mayor

Carla Martín


Bares, qué lugares

22/07/2020

El lunes 25 de mayo pisé la terraza de un bar por primera vez en más de dos meses y medio. Fue un acto de valentía, una manera de demostrarme que las cosas podían volver a ser medio normales en un periodo de tiempo no demasiado extenso. Hasta ese día no había salido de casa excepto para ir a trabajar y comprar.
Me gustó comprobar, de primera mano, que los trabajadores cumplían las recomendaciones sanitarias y me gustó sobre todo comprobar que los clientes demostraban más paciencia que nunca. Había miedo y el miedo, en ocasiones, es bueno. Hasta que se pierde. Hasta que dejamos de guardar la distancia, hasta que se nos olvida desinfectar las zonas comunes y hasta que perdemos la cuenta de las mesas de más que hemos instalado en ese espacio que el Ayuntamiento nos ha dejado ampliar.
Con el paso de los días, comencé a eliminar de mi lista de locales favoritos aquellos que no cumplen todas las normas sanitarias. Me he quedado sola. Puedo contar con los dedos de una mano los bares en los que, a día de hoy, me siento a gusto y protegida. He visto establecimientos con más gente que nunca, con las mesas tan juntas que puedo saludar con el codo al de al lado. He visto camareros sin mascarilla y clientes a 1,5 centímetros. He visto mi plato pasar de mano en mano y he visto como un bar vacío se llenaba, en cuestión de minutos, de gente desprotegida, desprotegiéndome. Bares de esos que aparecen en los informativos nacionales, de esos que encuentras en las Llanas o las Bernardas.
Entrar en un bar es como viajar en el tiempo. Volver al mes de febrero.
Ver La Flora llena de gente da tanto gusto como miedo, tanta rabia como esperanza. Es un quiero y no debo. Un puedo pero no quiero.



Las más vistas