Manuel Juliá

EL TIEMPO Y LOS DADOS

Manuel Juliá

Periodista y escritor


Elogio de la edad tardía

05/07/2021

Dice Danilo Kis, en Circo familiar, que solo el tiempo le demostró qué era la sabiduría, y que cuanto creyó lo era solo fue atrevimiento. Ahora se habla mucho del entusiasmo de la juventud, pero la historia está llena de momentos trágicos producidos por un voraz entusiasmo, y pocos en los que la mesura de la edad nos haya llevado a un precipicio o abismo. Cada año que pasa nos damos más cuenta de que somos hijos del tiempo, y que, aunque con la edad huyen nuestros cabellos como las hojas del árbol sacudidas por el bóreas, como dice Ovidio, también en el profundo jardín de nuestra mente siguen floreciendo las rosas, y cada Año Nuevo significa una nueva oportunidad para seguir soñando o sentir que en los canales de las arrugas pueden dibujarse las estrellas. 
Hay gente que tiene treinta años y son más viejos que muchos que han muerto ya, y otros que transitan su último tercio de la vida y se les ve en el rostro el hambre por vivir. Solo la salud, si es esquiva, entorpece el aliento de ser que con el tiempo va entendiendo la diferencia entre lo que importa y lo que no importa, entre lo que es ser feliz y lo que es un gozo preludio de la tristeza o el dolor. 
Con el tiempo sabemos que hay momentos que son como la paja ante la ventisca, y momentos que son como el atardecer, que con su lenta belleza preludian la fugacidad de todo. Con el tiempo descubres que es mucho más lo que ignoras que lo que sabes, y esta es, como dice Cicerón, la más perfecta sabiduría, y además dejas de confundir lo hondo con lo hueco, comienzas a entender que lo más profundo que existe es el vacío.
Con el tiempo descubres la fuerza del error y sanas la enfermedad de la impaciencia (El huerto de Emerson, Landero). Entiendes que si no luchas contra ella se vuelve crónica. Amas lo que queda y lo que fue, que es la mejor manera de aprovechar el presente. Valoras el placer en su batalla contra el tiempo, y si lo gozas, de manera material o espiritual, das gracias a la vida o a dios o al destino, y esa generosidad hace que el gozo sea más intenso. 
En nuestra sociedad no hay cultura de amor a la experiencia de la edad, lo que quiere decir que no hay amor a la experiencia. A los que avanzaron largo sobre el tiempo se les ve en una frontera lejana, en una inutilidad costosa, seres que viven en la periferia que se extingue. Deberíamos reflexionar sobre ese error y sobre todo no hacerlo desde un punto de vista compasivo. Hay que hacerlo desde la realidad de las posibilidades perdidas, del desprecio de tanta sabiduría, tanta agudeza desperdiciada y tantas palabras sabias enmudecidas.