Mens sana in corpore sano

Rocío Martínez


El espíritu del Cid 

22/06/2020

Escribo estas líneas a sólo horas de volver a pisar, por fin, Burgos. Permítanme la licencia de contarles este detalle personal pero es que me hace tanta ilusión que quería compartirlo con ustedes. Llegaré con tiempo de sobra para sentarme delante del televisor a ver a nuestro San Pablo, bueno, lo de sentarme poco porque cuando un equipo está haciendo historia hay que ponerse en pie. Lo hice el sábado, saltando con cada canasta, con cada rebote (qué recital), ya no les digo con cada triple, ahí era una carrera con los brazos apuntando al cielo. ¡Qué nervios! ¡Qué felicidad!, y más en estos tiempos en los que esta palabra había casi desaparecido hasta de nuestro vocabulario. 

Es verdad, que con un toque de nostalgia imaginando lo que habría sido esto en nuestro Coliseum, o con nuestra marea azul en la grada, ¡buf! Pero, lo hemos vivido, y esta gesta ahí queda, grabada a fuego en nuestra memoria, en nuestro corazón y en el baloncesto. 

Confieso que sufrí, que por momentos pensé que iba a tener pesadillas con los centímetros infinitos de Tavares, pero cuando el Madrid más achuchaba escuché al mister, mandando a sus jugadores ‘allí’, ‘corremos y la metemos’. Faltaban cuatro minutos (tan eternos como inolvidables), el Madrid estaba a uno y Peñarroya lanzaba a sus jugadores un mensaje valiente, al ataque, sí, ante el Madrid, al que nunca antes habíamos ganado. El entrenador creía. Los jugadores también. Y sin complejos se fueron a por el partido y a nadie le tembló la muñeca. 

Ese peso de la historia que tantas veces se convierte en una losa fue un acicate, quizás porque saben que llevan en su camiseta el espíritu del Cid, que conquistó Valencia, y el corazón de una ciudad que también cree en ellos, en su talento, en su pasión por seguir regalándonos momentos únicos. Toca seguir soñando, o, mejor, seguir bien despiertos, para disfrutar lo que viene. No descarten nada, y pase lo que pase, que nos quiten lo bailao. ¡Qué orgullo!