MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


Desleales

19/11/2020

Los políticos reclaman fidelidad incondicional a sus militantes, a sus votantes y a los que ocupan cargos y lealtad a sus socios. La primera se cumple casi siempre porque los votantes y los militantes lo son más de corazón que de cabeza y porque los cargos públicos saben que el que se mueve no sale en la foto.

El escritor estadounidense Mario Puzzo dijo que "la fuerza de una familia como la de un ejército se fundan en su mutua lealtad". Pero el economista italiano Antonio Genovesi, un par de siglos antes, la describió mucho más gráficamente: "hasta la supervivencia de una banda de ladrones necesita de la lealtad recíproca". Si la lealtad no es recíproca, se convierte en traición. La historia está llena de ejemplos.

El presidente Sánchez acaba de llamar "desleales" a los pocos barones que se han atrevido a criticar el acuerdo con Bildu que ha cerrado el vicepresidente Iglesias, hay que suponer que con el consentimiento o el conocimiento del presidente, porque, de otra manera, sería deslealtad o traición. Y lo mismo cabe decir de la enmienda sobre desahucios en los Presupuestos que han negociado y presentado Podemos, Bildu y ERC, parece que sin el consentimiento o el conocimiento del PSOE. ¿Hay más acuerdos? Claro que Sánchez aprobó la fusión entre Caixabank y Bankia sin el conocimiento o la consulta a Iglesias, al igual que hizo con otras decisiones sobre el Rey Juan Carlos. ¿Quién aprendió de quién?

Este es un tiempo de deslealtades y de desleales, especialmente en la política. Lo es el PSOE con históricos como Felipe González o Alfonso Guerra a los que políticos de tan largo recorrido y grandes logros como Adriana Lastra o Ábalos descalifican porque "ha pasado su tiempo" y otros, como Sánchez, desprecian con su silencio, mientras elogia a Zapatero, el responsable de la actual deriva de la política española.

Hay deslealtad con el español o castellano al que se niega el carácter de "lengua vehicular", aunque hay que reconocer que lo dejó de ser hace muchas décadas en Cataluña, y luego en otros lugares, con la complicidad y el silencio desleal de muchos de los que ahora protestan. Pero la mayor deslealtad, reiterada, consciente y sumisa es el pacto con quienes quieren destruir la democracia.

En plena pandemia, pactar con Bildu -ventajas para los presos de ETA-, ERC -reformar el delito de sedición y pactar en Cataluña- y el PNV -700 millones más y otras "bagatelas"- y despreciar al PP, a Ciudadanos y a todos sus votantes, no solo es no querer salir todos juntos de la crisis sino elegir a unos y rechazar a otros. Y, como dijo el Rey Felipe, "no se puede mantener la equidistancia entre quienes defienden y cumplen la Constitución y quienes pretenden destruir el Estado de Derecho".

La falta de transparencia de este Gobierno es una deslealtad o el ejercicio de mentiras reiteradas en todos los terrenos es una deslealtad. ¿Recuerdan eso de "los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta"? Pero la primera deslealtad la tiene este Gobierno en sus propias filas. Si Sánchez no rompe con Podemos -y solo lo hará cuando no lo necesite para seguir en el poder- Iglesias le marcará día tras día la agenda hasta llevarle allí donde quiere en terrenos como la política exterior, la inmigración, la economía, la justicia o las libertades de información y educación.

La carencia de proyecto propio y la debilidad del Gobierno son tan altas que acepta cada uno de los pasos que da Podemos de frente o por la espalda. ERC, PNV y Bildu le abandonarán cuando les interese. Pero, insisto, la deslealtad más amenazante está en la propia casa. Lo saben algunos ministros, lo asumen otros y callan todos, aunque la confianza no sea ni mutua ni recíproca. De cesión en cesión hasta la destrucción final. Del PSOE y de las libertades.



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