Plaza Mayor

José Manuel Pérez Pascuas


El termómetro cambia el vino

02/07/2020

La pandemia sepulta cada día muchas noticias. Por ejemplo, la Organización Meteorológica Mundial investiga un registro histórico de 38 grados en la localidad rusa de Verkhoyansk, en la Siberia que el subconsciente asocia con el hielo. Una ola de calor y el aumento de los incendios forestales, también allí, fueron la causa de este pico de temperatura el 20 de junio. Los expertos no se cansan de alertar de la incidencia del calentamiento global. El Círculo Polar Ártico es una de las regiones más resentidas, con incrementos de temperaturas que duplican la media mundial. Se ha reducido un 50% el volumen de hielo marino y la degradación del permafrost en la tundra creará dificultades a especies como los osos polares y las ballenas.

El cambio climático puede suponer una transformación en algunos cultivos. El calendario de las cosechas, ancestralmente unido al santoral, ha saltado por los aires. Los inviernos son más cálidos y cortos; los veranos, más largos y tórridos. El viñedo, uno de los cultivos más afectados, podría verse desplazado a territorios más altos y fríos. La temperatura ha subido un grado en cuatro décadas y las vendimias se han ido adelantando. Cada 100 metros que se asciende la temperatura baja en torno a 0,7 grados, lo que puede provocar un antídoto para el calentamiento global. Ahora los vinos pueden tener 15% de alcohol, cuando en los años 80 apenas superaban los 12,5%. En este escenario, no resulta fácil para los enólogos tomar la decisión sobre el comienzo de una vendimia que consiga madurez y frescura, equilibrio y finura, complejidad y capacidad de envejecimiento. Si hasta 2100 la temperatura sube 2 grados no quedará otra que adaptarse y llevar a cabo una viticultura muy exigente y cualificada, que nos permita elaborar el mejor vino posible.



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