Plaza Mayor

Guillermo Arce


La nueva basura covid-19

17/06/2020

Unos 10.000 euros en multas. Este ha sido mi cálculo del último paseo de apenas una hora por las calles y, sobre todo, los alrededores de la ciudad. He visto mascarillas en los jardines, en los sembrados, en las papeleras (que no es su sitio), en una alcantarilla, en un seto y hasta colgada de un banco, quizá olvidada por su propietario. Algunas vagaban mecidas por el viento de la mañana, azules como el cielo, de aquí para allá, nadie osa tocarlas no sea que contagien o todavía tosan. Indigna su contemplación pero, como humanos, cerdos por naturaleza que somos, nos acostumbramos como a los clínex usados en el campo, las toallitas húmedas atorando los alcantarillados o los plásticos flotando por los ríos y mares. Siempre decimos lo mismo: ‘Yo no he sido’. Y ahí se quedan. El otro día vi, literal (vayan por el bulevar), una valla de supermercado de varios metros de longitud llena de abajo a arriba de guantes de plástico, como una gran red recogiendo la pesca de la temporada. Todos ellos, supongo, convenientemente higinenizados con hidrogel antes de hacer la compra y desechados después como un mal lapo sobre la acera. Sí, son 600 euros de multa pero, como Jaimito en la escuela, esperamos a que nadie mire para pegar el moco bajo la mesa. Somos así, cerdos. Que vengan otros, recojan mascarillas y guantes y que se jodan, que a mí ya me molestan. Luego aplaudiremos a rabiar la labor de los señores y señoras de la limpieza cuando en el fondo están haciendo un trabajo que nos corresponde a todos y cada uno de nosotros.
Sí, todo es una cuestión de educación y en Burgos somos muy educados cuando todos nos ven, pero las aceras están llenas de colillas, las servilletas corretean por los alrededores de la Catedral y la Plaza Mayor y, ahora, la tendencia es a dejar volar las mascarillas, cuyo uso es obligado en casi todas partes donde uno no pueda estar solo. Si algunos pensaban que las cosas iban a cambiar algo, siento decepcionarlos...



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