Habas Contadas

Roberto Peral


Vacunas

23/11/2020

Ya sabíamos que habremos de pasar las navidades lejos de muchas de las personas que más nos conciernen, pero resultaba abrumador resignarse a la ausencia de horizontes ciertos, a ignorar cuál es la fecha de caducidad, si es que la tiene, de este infierno en que andamos sumidos desde el pasado marzo. Por eso nos pusimos hace unos días la mar de contentos con el anuncio de un par de laboratorios sobre la inminente disponibilidad de una salvífica vacuna que, según las previsiones más optimistas, nos procurará una inmunidad grupal después de la Semana Santa, de modo que antes de que transcurra un año ya estaremos en disposición de abrazar a los amigos, regresar al fútbol los domingos por la tarde y cantar en las tabernas La batelera sin precavernos de los puñeteros aerosoles.
El caso es que los aguafiestas de costumbre, unos pocos virólogos que opinan que su deber consiste en difundir la verdad científica antes que tranquilizar ilusoriamente a la población, ya advierten, sin que los medios de comunicación les hayan hecho de momento un caso excesivo, de que las tales vacunas no van a ser el bálsamo de Fierabrás del que las empresas farmacéuticas dicen maravillas, que su efectividad quedará circunscrita a casos leves y moderados, y que para recuperar algo parecido a la vieja y añorada normalidad habrán de trascurrir años.
Y uno, por mucha presencia de ánimo que quiera mostrar, se estremece ante un plazo que tan largo se fía. Así que da en cavilar qué demonios habrá sido de él dentro de dos, tres, cuatro años, a qué velocidad habrá envejecido, cuántas de sus actuales convicciones conservará. Y teme, sobre todo, por el porvenir de sus hijas y de todos esos jóvenes que tratan de edificar su futuro en estos tiempos oscuros, a quienes los inventores de palabrotas han dado en llamar ‘pandemials’ y que al impío mercado laboral preexistente suman ahora la estigmatización social a que se ven sometidos y un escenario de recesión económica y desempleo rampante que a buen seguro dejará pequeña la crisis que acabábamos de dejar atrás. Esos jóvenes están reclamando a gritos, no ya una vacuna, sino una utopía; bien podríamos empezar a construirla entre todos, ahora que tenemos tiempo.



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