scorecardresearch
Evaristo Arzalluz

Plaza Mayor

Evaristo Arzalluz


¿Carca o progre?

26/08/2022

En el tema de la moral siempre me he debatido entre ser carca o progre. Si vas a la doctrina de siempre dice que lo que hace a un acto bueno o malo depende fundamentalmente de dos factores: el hecho en sí y la intención del que lo hace. Y aquí se abren dos opciones: poner el acento en los hechos (moral carca) o ponerlo en las intenciones (moral progre). Según la moral carca si el acto cometido es bueno, has actuado bien y si malo, mal. El principal apoyo a su favor es que los santos canonizados, los que han hecho milagros o han tenido visiones y revelaciones particulares, todos, han seguido la moral carca. Y eso tiene mucho peso. Pero tiene una pega y es que no siempre consiguen argumentar por qué ciertos actos son malos.

La moral progre, en cambio, le da toda la importancia a la intención. Si tienes buena intención, todo lo que haces es bueno. «Ama y haz lo que quieras» (San Agustín). Es un planteamiento atractivo (da mucha libertad), pero conduce directo al relativismo, al todo vale.

Tuvimos un Papa carca, un gran intelectual, Ratzinger. Tenemos ahora un Papa progre. Tenemos curas carcas, que van de negro y te dicen las cosas claras. Y también tenemos curas de camisa de cuadros, a los que todo les parece bien. La gente de a pie no sabemos qué hacer. Unos siguen a los de negro. Otros no siguen a nadie, porque a los de la camisa no les sigue casi nadie. Muchos, tanto carcas como progres, acaban con problemas psiquiátricos. Los he conocido.

¿Carca o progre, qué hacer? Pues congeniar las dos posturas, seguir la doctrina de siempre, la carca, que es más segura, pero abstenerse de juzgar la intención de los que no la siguen.

El fundamento de la moral es el hecho en sí (las cosas no son buenas porque las mande Dios -Islam- sino que Dios las manda porque son buenas), pero la intención va más allá de la razón: «El corazón tiene razones que la razón no entiende» (Pascal).

La moral juzga los actos pero no puede juzgar las intenciones. «No juzguéis y no seréis juzgados» (Jesucristo). «¿Por qué después de toda una semana trabajando, atendiendo a la familia, pagando los impuestos, tengo que pasarme media mañana del domingo oyendo que voy a ir al infierno?» (Homer Simpson). Pero hombre, Homer, ya ni los carcas hablan del infierno. Aunque Jesús sí. Y muchas veces.

ARCHIVADO EN: Benedicto XVI