Mens sana in corpore sano

Rocío Martínez


Licencia para soñar

26/04/2021

He asistido estos días bastante atónita a grandes ejercicios de hipocresía. Gente que mientras se llena los bolsillos con sueldos de siete cifras, se llena la boca pavoneándose de ser los adalides de los hinchas. Pero no cuela, por muchas camisetas que preparen. Pensaban en su negocio. En este momento los fans son los verdaderos románticos del fútbol, quizás los únicos. Lo disfrutan, lo sufren… lo pagan: entradas, camisetas, tv… Con unos precios que ya impiden eso del fútbol para todos.

Tras el anuncio de la Superliga, la lectura fue que era una lucha entre ricos y pobres. Y claro, entre ricos y pobres, siempre hay que elegir a los pobres, lo contrario queda hasta feo. Pero esa lectura tenía trampa. Porque esos 12 hablaban de solidaridad, de repartir parte del pastel con todos. Hoy en día además ni siquiera Real Madrid, Barça o Atlético se pueden considerar equipos ricos. Ninguno puede competir con clubes estado o de multimillonarios que riegan de billetes a sus clubes, mientras la UEFA, hay que devolver favores, mira para otro lado. Ellos sí han ganado. La Superliga seguramente no eligió bien su puesta en escena, y no esperaba una oposición tan hostil. Estaban convencidos de que era bueno para el fútbol, para todos, más aún, necesario, vital. Si hasta Barça y Madrid estaban de acuerdo por algo sería.  

La vida evoluciona a un ritmo vertiginoso, y el fútbol, convertido en negocio planetario, está obligado a seguir el ritmo. Pues eso es lo que intenta esta Superliga. «Salvar el fútbol», dijo Florentino. No sé si así exactamente, pero algo hay que hacer. Eso sí, ampliando el abanico de los equipos no fijos para que la gente pueda soñar en grande, porque así somos los futboleros, unos soñadores capaces de imaginar que nuestro equipo llega a lo más alto. Y en pleno sueño andamos precisamente por aquí, porque en esta tierra cuna de Pablo Infante o de la leyenda del Matagigantes, ahora soñamos en plata. De momento.



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