LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Cambio de rumbo

08/11/2020

Las figuras son imponentes y sus detalles se pueden apreciar desde lejos. Esculpidas en ese granito que permite mimetizarse con el entorno, el del monte Rushmore, conforman una de las instantáneas más míticas de un país de contrastes que en los rostros de sus cuatro presidentes más importantes -George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln- reflejan la esencia de un pasado sustentado en las ansias de libertad y la defensa de la democracia. El realismo que consiguió Gutzon Borglum es tal que, según se detenga el sol en los ojos de los protagonistas, se pueden llegar a identificar las pupilas y el iris de cada uno de ellos. 
Para la ejecución de esta imponente obra se emplearon 360 operarios suspendidos a más de 70 metros de altura y que, además de dar forma a la roca, ejecutaban dos detonaciones diarias con dinamita, que ayudaron a extraer medio millón de toneladas de roca, lo que poco a poco permitió aportar mayor realismo a las caras. El monumento, que tardó en finalizarse casi década y media, quería ser un homenaje a los 150 años del nacimiento de los Estados Unidos de América.
La construcción de Rushmore tampoco está exenta de polémica. Su creador estuvo relacionado con el Ku Klux Klan y las tierras en las que se esculpió eran originariamente de los indios Sioux, hasta que la aparición de oro en esos parajes propició que las tribus fueran expulsadas.
Los protagonistas de la descomunal obra sintetizan las etapas más fructíferas y convulsas del país. Washington representaba el nacimiento, con su papel destacado en la guerra de la independencia dirigiendo al ejército continental en su lucha contra los británicos, y reconocido por todos como el Padre de la Patria; Jefferson simboliza la expansión de EEUU, el desarrollo con la compra a los franceses de Luisiana y la expedición de Lewis y Clarck, que sirvió para conquistar y monitorizar buena parte de Norteamérica hasta llegar al Pacífico;Roosevelt, protagonista del desarrollo económico de la nación a finales del siglo XIX y principios del XX, implantando el Square Deal -Trato Justo- que calmó las protestas de las clases obreras y permitió el nacimiento de la clase media, con una expansión industrial, comercial y manufacturera sin precedentes; y Abraham Lincoln, figura fundamental en la guerra de Secesión, un episodio devastador para la Historia, que abolió la esclavitud y sentó las bases para evitar que la nación se partiera en dos antes de su asesinato. 
Ayer, Joe Biden lograba, tras días de recuentos de votos y de tensión en las calles por la incertidumbre de los resultados, convertirse en el presidente 46 de EEUU. A sus 77 años, el que fuera uno de los senadores más jóvenes de la cámara alta derrota a un Donald Trump que, durante sus cuatro años de mandato, ha dejado por el camino mil y una polémicas, poniendo en marcha políticas populistas basadas en el leitmotiv del America first, y que ya ha advertido que irá al Supremo para impugnar unos comicios que en la misma noche electoral, en la que se autoproclamó vencedor, sembró la duda de que estaban amañados, como el niño que no ha aprendido a perder. El magnate pasará a la Historia como el presidente más controvertido, pero también como aquel personaje que, apelando a los instintos más básicos y pese a su confrontación con gran parte de los organismos internacionales y de su nefasta gestión de la pandemia, estuvo cerca de ser reelegido. 
Aunque el proceso será largo hasta que tome posesión el 20 de enero del próximo año frente al Capitolio de Washington, con la llegada de Biden y de la que será vicepresidenta, Kamala Harris, el país más poderoso del planeta cambia de rumbo y tratará de bajar el clima de ebullición continua que Trump había traído desde su llegada a la Casa Blanca. Los demócratas son conscientes de que el país se encuentra fuertemente polarizado y que más de 70 millones de ciudadanos apoyaron al candidato republicano, por lo que su principal objetivo será el de tender puentes entre una población ideológicamente partida en dos.
El que fuera mano derecha de Obama tiene un trágico pasado y un formidable afán de superación. Tartamudo desde niño, logró desenvolverse sin problemas con horas y horas de práctica frente al espejo. En un brutal accidente de tráfico perdió a su primera mujer y a uno de sus hijos y el cáncer se llevó a otro de sus vástagos hace escasos años. Su especial relación con la comunidad afromaericana le ha ayudado a la largo de su dilatada carrera y también servirá para rebajar la tensión racial que, con la Presidencia de Trump, se había disparado con decenas de episodios racistas y de secuestro de las libertades. 
Biden tiene ante sí el reto de recuperar la esencia de EEUU, apaciguar su división interna, recuperar la cooperación internacional y la senda del respeto por el medio ambiente para situar de nuevo al país de las barras y estrellas en el epicentro de los valores democráticos de la sociedad occidental. Los cuatro de Rushmore le marcaron el camino. 



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