Libre de marca

Samuel Gil Quintana


Cara o Cruz

18/05/2020

Ocurrió, como hoy, un 18 de mayo. Yo tenía 15 años y una confianza ciega: en mí, en los exámenes de fin de curso, en salir algún día con la rubia del pupitre de al lado... Y en el Burgos, claro. Supongo que uno siempre confía en su equipo. Aunque se amontonen los días que rescatan recuerdos grises del olvido.
El 18 de mayo representa para mí uno de esos días. Lo supe la primera vez que taché la fecha con un rotulador rojo en el calendario de 2009, un año después de aquel Palencia-Burgos cargado de fatalismo.
En el Burgos: Xabi Cardiel; Velasco, Fran, Bayón, Cabezas; Gonzalo, Oya, Andrés, Rubén Espinosa; Heredia y Nacho Garrido. En el Palencia, algún viejo conocido. Y en el Fondo Sur de la Nueva Balastera, como tantas otras veces, la ilusión del burgalesismo.
Alejandro adelantó a los morados mediada la segunda parte. Espinosa igualó en el 82. Pero con Logroñés y Osasuna B ganando sus encuentros, el 1-1 no servía a ninguno. En la última jugada, el portero del Palencia, Dani Roiz, subió a rematar un córner. El árbitro señaló falta y el Burgos sacó rápido. El balón le llegó al cordobés Nacho Garrido, que, sin portero, lanzó desde medio campo para ganar el partido.
12 años después de aquel dramático descenso, no confío tanto en mí mismo. La rubia del colegio no me hizo ni caso y todavía tengo pesadillas con el pelotazo a puerta vacía de Nacho Garrido. Cuenta la leyenda que, en un intento desesperado por evitar el descenso de ambos equipos, alguien en el palco propuso lanzar una moneda al aire. Si en los minutos finales persistía el empate, el ganador del sorteo recibiría una pequeña ayuda. El presidente del Palencia aceptó. Novoa replicó: “Espera, estamos atacando”. Nunca un cara o cruz hubiese tenido tanto sentido.



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