Fuegos artificiales

Óscar Esquivias


Libros y librerías

18/05/2020

¡Cuánto estoy echando de menos las librerías durante estas semanas del confinamiento! Los lectores, aunque tengamos buenas bibliotecas en casa, encontramos mucho placer en curiosear las novedades (o los saldos, en las librerías de viejo). Es más: para mí, la visita a cualquier ciudad del mundo no está completa si no he entrado en alguna de sus librerías, aunque no entienda nada del idioma del país. En Varsovia, Estambul, Bucarest o San Petersburgo siempre he comprado algo que me interesara, bien un libro ilustrado, unas postales, una edición poética bilingüe o un disco (objeto ya exótico que solo encuentro, precisamente, en algunas librerías). 
Me acuerdo también de algunas que ya no existen, como Utopos, Mainel o Rosebud. Varios de mis libros más preciados proceden de ellas y cada vez que los consulto recuerdo aquellos locales tan acogedores y a sus dueños y dependientes, por los que siento un enorme agradecimiento. También, por supuesto, por las librerías que felizmente perduran, así que animo a mis lectores a que, en cuanto puedan, vuelvan a ellas. Sería muy triste que la epidemia, además de las vidas que se ha llevado, liquidara también los establecimientos más cultos, delicados y bellos de la ciudad. Porque, aparte de otros muchos valores, las librerías burgalesas son verdaderamente bonitas.
Y si no saben qué libro escoger para estrenar la ‘nueva normalidad’, me permito recomendarles los diarios completos de Iñaki Uriarte. Yo los he ido leyendo estos últimos años, según iban apareciendo, y ahora se acaban de reeditar en un único volumen. Durante el confinamiento los he releído a saltos, comparándolos con Bazar, de Emilio Gavilanes, obra que también les aconsejo con fervor. Uriarte es un donostiarra nacido en Nueva York, muy culto, con gran querencia por la literatura francesa. Sus observaciones suelen ser agudas y originales. Me gusta mucho, por ejemplo, la desconfianza que muestra hacia quienes abusan de los sujetos colectivos y se arrogan la representación de toda una ideología, tradición o cultura: «P., por ejemplo, suele hablar de ‘nuestra civilización’ con absoluta naturalidad. Lo mismo dice “nosotros inventamos” la democracia que “nosotros gaseamos” a millones de judíos en el Holocausto. A mí ni siquiera me ha salido nunca un ‘hemos ganado’ tras un triunfo de la Real. ‘Hemos comido arroz’, o ‘fuimos al cine’, hasta ahí suele llegar mi empleo de la primera persona del plural». 
En otro lugar cita una reflexión de Alfred North Whitehead que me ha llamado la atención: «La ausencia total de humor en la Biblia permanece como la cosa más singular de toda la historia de la literatura».
Whitehead era un gran sabio, pero aquí creo que se excedió al hacer un juicio tan rotundo. Aunque la Biblia no sea, desde luego, la obra más chistosa del mundo, tampoco carece de episodios francamente divertidos (de este tema, que me interesa mucho, les hablaré otro día). El libro que, desde luego, sí está lleno de humor e inteligencia es el de Iñaki Uriarte. Y si necesitan más argumentos para convencerse, pregunten a los buenos libreros (¡y libreras!) de Burgos.



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