La nueva normalidad que se anuncia, si no hay más sobresaltos con este escurridizo coronavirus, va a cambiar muchas cosas, también usos y costumbres. Una de ellas, sin duda, serán las vacaciones. Los condicionantes de movilidad interior y exterior, las limitaciones de aforos, distaciamientos sociales y, en definitiva, estos nuevos tiempos de crisis económica, incertidumbres, temores… nos van a obligar, sí o sí, a replantearnos los destinos vacacionales, si es que nos podemos permitir ese gasto.
Sería una ocasión perfecta, ahí dejo la idea y la sugerencia, de romper una lanza por esta provincia, por recuperar esos veraneos de antaño en el pueblo de los padres y de los abuelos o, en su defecto, en cualquier rincón de un territorio lleno de atractivos turísticos en el plano cultural, medioambiental, gastronómico, enológico, aventura, deportivo… 
Por desgracia, a pesar de las campañas de promoción que se están haciendo, tenemos una provincia que, entre nosotros, es una gran desconocida para la mayoría de los burgaleses. Me incluyo. Buscamos, muchas veces por ignorancia y falta de información, fuera lo que tenemos aquí al lado. En ocasiones son esos turistas y visitantes ajenos  quienes nos cuentan esos enormes atractivos que tenemos en comarcas como Merindades, Demanda, Ribera, Arlanza, Odra-Pisuerga… 
Desde luego que no pretendo, ni mucho menos, ser un chauvinista ni hacer una defensa cerrada de lo nuestro frente a lo ajeno -eso se lo dejo a Torra y a Urkullu- pero sí pienso que los burgaleses y, en general, todos los castellanos estamos un poco acomplejados, tenemos ese síndrome perverso que nos hace -más veces de las convenientes-, minusvalorar, cuando no despreciar, lo propio y ensalzar lo ajeno.
 Viajar fuera, abrirse a nuevas culturas, quitarse el pelo de la dehesa y, en fin, «conocer mundo» -como decía mi padre- es necesario, pero también descubrir el terruño y la hospitalidad de sus gentes. En el medio, apuntan los sabios, está la virtud. Dinamizar el medio rural pasa por fijar población, pero también por visitar esos pueblos y villas, pernoctar en sus posadas, casas y hoteles rurales…, comer en sus restaurantes, comprar en sus comercios y mercadillos… Lo dicho, rompamos una lanza por esta provincia.



Las más vistas