Plaza Mayor

Aurora Lázaro


Invierno rural

13/11/2020

El invierno que le espera al medio rural, si no cambian las cosas, va a ser un poco triste. Tras el ansia de aire libre provocado por los cuatro meses de cuarentena y su subida al estrellato como destinos de verano, los pueblos son de nuevo los grandes olvidados.
La mayoría siguen siendo territorios muy seguros, algunos pueden presumir de ser libres cien por cien de covid después de nueve meses. Y en los que han aparecido brotes, se han controlado rápida y eficazmente por la escasa población y la facilidad para hacer trazabilidad.
Pero cierran la hostelería y tiene que echar la verja el pequeño bar de pueblo, donde los vecinos podían combatir la soledad y oscuridad invernal. Cierran los perímetros geográficos y ya no vienen familiares ni vecinos para compartir cariños o noticias.
Las casas rurales están vacías, por esta restricción y la de limitar las reuniones a 6 personas. 
Además se suspenden actividades deportivas, culturales o sociales tan necesarias para la salud mental y física, sobre todo de las personas de más edad, pobladoras mayoritarias de los pueblos. Nadie se atreve siquiera a una partida de cartas. Así que los ocupantes de segundas residencias acortan su estancia en el pueblo o no vienen los fines de semana.
En los pueblos no hay muchos comercios. Tampoco cines ni teatros. Para ver una película o una obra o un concierto hay que organizarlo, pero ahora no se permite… En la ciudad sí, con aforos limitados. 
Internet funciona malamente.
Por ello las restricciones generales pensadas desde despachos para poblaciones grandes… habría que darles una vuelta. Como a muchas otras cosas. 
Aunque nos sigue quedando lo más envidiado durante la cuarentena: la inmensa naturaleza. Todavía se pueden disfrutar bellos colores de otoño, la fauna, los amaneceres y atardeceres… 
Es cuestión de abrigarse bien y… paciencia.



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