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Juan Manuel Pérez

ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista


Los Juegos

31/07/2021

No han conseguido los de Tokyo mantenerme despierto hasta las tantas de la madrugada para ver las pruebas de doma clásica. Ya saben, por si sonaba la flauta y algún jinete español lograba meterse en la lucha por las medallas. Estamos obsesionados por los metales. En los medios que siguen los Juegos Olímpicos a diario no falta el contador de preseas. Y cada vez que la delegación española consigue una, aunque sea en pruebas desconocidas hasta ese día, se convierte en noticia destacada. El jueves por la tarde estábamos en el puesto número 40 del medallero. Entre Eslovaquia y Sudáfrica. Por debajo de Fidji y Bermudas. Y a una distancia sideral de China y Japón, que lo encabezan. He descubierto que los cuartos de esta clasificación compiten por una nación que se llama COR. Y resulta que tras este acrónimo se encuentra el Comité Olímpico Ruso. El país de Putin fue sancionado por manipular los datos del laboratorio antidopaje de sus atletas y no pueden competir bajo la bandera de Rusia. Son las cosas que tienen los Juegos Olímpicos, donde por encima del deporte están las relaciones internacionales. Hasta que llegó Barcelona’92 eran un foco de conflicto permanente. Con los países occidentales boicoteando a los que estaban bajo la órbita de la URSS y viceversa. Cada cuatro años, la guerra fría se trasladaba de las cabezas nucleares a las disciplinas deportivas. Eran épicas las batallas en atletismo, baloncesto o gimnasia. Ahora, con el mundo dominado por China, esas viejas disputas ya son historia.

Con el tiempo, lo que fue durante años escenario de la pugna entre dos modelos de sociedad, dejó paso al negocio y a la presencia en los Juegos de deportes sin ninguna tradición. Dice la Carta Olímpica que el Olimpismo es una filosofía de vida, y uno de sus mandamientos señala que su objetivo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del ser humano, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana. Cuesta creerlo después de comprobar como los Juegos han sido utilizados por los países para demostrar su poderío y defender sus intereses, en muchas ocasiones alejados del deporte.