Ser o Tener

Esther Alonso


Derrota

21/04/2021

«Pon agua en una taza, y serás la taza. Ponla en una botella, y serás la botella. Ponla en una tetera, y serás la tetera. El agua puede fluir o puede golpear. Sé agua, mi amigo». Si no fuera porque se trata de un pensamiento de Bruce Lee, juro por el pendón de las Navas de Tolosa que se procesiona cada Curpillos, que cuando escuché esta reflexión por vez primera creí que el mago de las artes marciales estaba hablando de Castilla y León. 
Somos botijo, somos bota de vino y somos botellín de cerveza, depende del discurso dominante. En este territorio en el que el regadío ha ido ganando terreno a mordiscos al secano, hemos sido tradicionalmente lo que nos han dicho que deberíamos ser, y siendo eso nos hemos convertido en lo que hoy somos: un perro fiel al que en vacaciones se acaba abandonando en una gasolinera a 400 kilómetros de su casa, sin comida ni agua. 
Pasado mañana celebraremos el Día de Castilla y León, una fiesta que a lo largo de las décadas no ha logrado llegar a los corazones de la mayoría de los castellanos y leoneses, y no porque aquí asumamos el tópico de ser poco entusiastas, sino más bien porque desde los sucesivos gobiernos regionales no ha interesado promover un auténtico espíritu autonómico, dinámico, cohesionado y libre, capaz de diseñar su propio futuro. Lo fragmentado siempre ha sido más fácil de mantener atado a la señal de stop de una gasolinera poco transitada de la Castilla vaciada.
Como decía, el viernes es nuestro día, un día que este 2021 es más simbólico que nunca, porque se cumple medio siglo del ajusticiamiento y muerte de Bravo, Padilla y Maldonado en 1521. Desgraciadamente, la covid-19 ha ofrecido la excusa perfecta para que tampoco este año el aniversario brille como se merece, y una edición más termine oculto bajo los luminosos rayos láser del Día del Libro, el de San Jordi, el de Aragón o el de cualquier otro que pueda sumarse a esta concurrida fecha.
El Día de Villalar conmemora una derrota. Quizá por eso me parezca una fecha tan triste, y todo lo que haya dicho antes de esto solo sea producto de la pena, que, como el agua, también cambia de forma en función de dónde decidamos guardarla.



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