LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Nosotros y ellos

29/10/2020

Pese al azote de la pandemia, los ministros acudieron a la multitudinaria cena en que los había desprendidos de sus protecciones antivíricas, para recibir u otorgar premios, mientras el resto de la población, sometida a estricto rigor, no podía reunir a más de seis en un mismo lugar, mientras mesones y tabernas agonizan y cierran porque no les es permitido recibir a más clientes.
Nosotros somos ellos; es un pensamiento propio de muchos filósofos y también el cristianismo lo celebra como «comunión de los santos», pues todos estamos unidos y, como dicen los Evangelios, si quieres agradar a Dios, agrada a tu prójimo, ayúdale. Lo divino estaría en cada uno, incluso en el enemigo rostro. Hubo pensadores (Aristóteles -según Averroes- o parcialmente Kant) que mostraban cómo vivíamos todos sumidos en una especie de general Intelecto del que no éramos sino como cabellos que surgen de un mismo cráneo, al que otros dijeron que era Dios, el universal cerebro (Fichte), del que todos brotamos y dependemos.
Entre místicos de varias religiones se detecta algo parecido, más allá del velo de Maya, de esa neblina que nos impediría ver la esencia del mundo, perdidos en los fenómenos, en los detalles... Así, Santa Teresa de Jesús muestra en Las moradas cómo el alma tiene en su más profundo interior, en la base de su fortaleza, como huésped al mismo Dios, como fundamento. 
En cualquier caso, no es fácil hallar estas consonancias, esta armonía, cuando uno se asoma al balcón y contempla en el exterior a nuestros gobernantes y otros personajes que debieran darnos ejemplo. Tampoco es fácil cuando hay dolor y uno lo siente en sus carnes, en su alma, infligido por otros, sea voluntaria o involuntariamente, a veces por mera incapacidad para gestionar la realidad. Dado el marasmo de normas contrapuestas, la falta de coherencia entre muchas de estas, es fácil la irritación. Nos cuesta ver el rostro de Dios, como amable, como amado, y más bien nos parece ver el de su contrario, el demonio, en ciertos personajes. 
La lógica -racional- parece que se desvanece en misterios todavía más difíciles que los trinitarios o los que algunos dogmas religiosos nos enseñaron. Pero tales son nuestros tiempos en que, como se cae el suelo donde nuestras raíces tenemos, tendemos a mirar al cielo, a agarrarnos al Eterno. Mas si el aforo de un restaurante se reduce a la mitad, las iglesias no pueden tener más de un tercio. El bajo vientre parece dominarnos y ciegos quedan los ojos para mirar más allá de lo inmediato, la barriga y sus protuberancias... Muchos prostíbulos hasta hace poco estaban abiertos mientras se restringía la asistencia a templos, bibliotecas o conciertos...
Seremos los otros, pero nos hace falta el don de la fe para creerlo, y falta mucha comprensión para admitir lo incomprensible.