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Luis Miguel de Dios

TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Caza

28/09/2021

Pese a la oposición de las comunidades afectadas, de las asociaciones agrarias y de gran parte del mundo rural, el lobo ya no se puede cazar en toda España. El pasado 22 de septiembre entró en vigor una orden del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico que hace oficial la prohibición. Castilla y León, Cantabria, Asturias y Galicia, regiones en las que habita el 95% de los lobos ibéricos, anuncian recursos; los sindicatos agrarios, movilizaciones. Entre los ganaderos cunden el cabreo, el desánimo y la desesperación. Leo reacciones como: «Nos mandan a todos al paro», «Con el lobo protegido, no hay quien tenga ganadería extensiva», «Como haya más ataques, vendo las ovejas y me voy donde sea». Y así hasta el infinito. Pero esas quejas, esos lamentos, no llegan a Teresa Ribera, ministra de la Transición, etc, etc. Y si le llegan, le entran por un oído y le salen por otro. Es mucho más receptiva a lo que sueltan los grupos ecologistas, que, en un alarde de hipocresía, mentiras y exageraciones, hacen creer a los incautos y desinformados que la supervivencia del lobo está en peligro. ¿Y con qué legislación ha aumentado su número estos años?, ¿no ha venido bien, incluso para el propio cánido, que se permitiera su caza controlada al norte del Duero? Parece que no, que los talibanes del supuesto conservacionismo no se conforman, que quieren más y más hasta que ya no queden ni ovejas ni corderos ni cabras ni terneros por el campo. Todos a Madrid, que es donde se reparten las subvenciones y se dictan las normas, aunque estén muy alejadas de la realidad. Y a los ganaderos que los zurzan. Ahora la ministra doña Teresa anuncia 20 millones de ayudas para «líneas de convivencia» entre lobos y ganado. Dicho en plata: dinero para compensar los daños de la alimaña. ¿En qué quedamos?, ¿hace o no daños el lobo?, ¿no se iban a acabar las pérdidas con la prohibición de la caza? Además, doña Teresa, el lobo no solo origina daños económicos; también morales, anímicos. Al ganadero se le puede compensar con euros, pero el destrozo interior de ver su cabaña destrozada no tiene precio. Es su vida. Y la de generaciones anteriores. Téngalo en cuenta.