Plaza Mayor

Guillermo Arce


El valor de la densidad

29/09/2020

En tiempos en los que la distancia obligatoria entre personas -el famoso metro y medio- es eso, obligatoria, los espacios tienen que ganar protagonismo y cobrar toda su dimensión. Un día de estos tendremos que repensar nuestra manera urbana de vivir confinados en grandes capitales y en permanente riesgo de contagio, y apostar por un reparto más equilibrado, sano y más cómodo de la población (y, por extensión, de la riqueza y de las oportunidades). 
Viene esto a colación porque en España hay de todo menos equilibrio. La horquilla de densidad poblacional va desde los 0,23 habitantes por kilómetro cuadrado (km2) del pueblo soriano de Quiñonería a los 22.900 del valenciano de Emperador, el más apiñado de España. En Burgos, como se imaginarán, vivimos cómodos:en la capital somos 1.694 habitantes/km2 y nos situamos en la media de las capitales regionales, que va desde los 3.666 de Salamanca a los 250 de Ávila.
Madrid, en el ojo del huracán pandémico, tiene el triple de densidad poblacional que Burgos capital;Barcelona, con sus 19.451 habitantes/km2, son once veces más; y Bilbao nos multiplica por cinco (8.390). Las comparativas son también de vértigo con respecto a algunos municipios situados en la órbita de las grandes capitales:En Santa Coloma de Gramenet son 16.814;en Portugalete, 14.517; y no queda muy lejos Barañain, el plena Pamplona (también castigada por los contagios) con sus 14.531 habitantes por km2.
La densidad de población, la disponibilidad de espacio, debe ir unida a una buena disponibilidad de servicios (también tecnológicos) y a oportunidades de prosperidad. Burgos cuenta con estas tres cosas además de la proximidad a cualquier parte, y en estos tiempos de reconversión hay que hacer valer esa espacio privilegiado a orillas del Arlanzón para atraer familias, empresas y servicios.