scorecardresearch
Carmen Hernando

Desde la campiña

Carmen Hernando


Disparates de la covid

17/09/2021

Puedo aceptar que el desconocimiento sobre la pandemia nos ha llevado a tomar decisiones desacertadas y, por supuesto, cuentan con todo mi respeto quienes en caso de duda han preferido pecar de prudentes. Ahora bien, estaréis conmigo en que durante esta prolongada crisis el sentido común ha brillado en muchas ocasiones por su ausencia.
Un ejemplo: el otro día mi hijo de 12 años tuvo que viajar solo en tren, sin acompañamiento, porque este servicio de Renfe se encuentra suspendido con motivo de la actual situación sanitaria. ¡Y se quedan tan anchos! ¿Pero qué tendrán que ver churras con merinas? Eso sí, no hay ningún problema en viajar en un vagón repleto, hombro con hombro con el pasajero del asiento contiguo. Alucinante.
La merma en numerosos servicios públicos también ha sido considerable, incluso mucho después de los peores meses del estado de alarma. Uno de los casos más sangrantes y menos justificados ha sido la falta de atención presencial en los consultorios médicos de Castilla y León y particularmente en los rurales. Una vergüenza que condena a nuestros pueblos a seguir despoblándose y a sus vecinos a tener que desplazarse muchos kilómetros para recibir asistencia. 
Podría seguir citando ejemplos de cómo se ha aprovechado este virus como excusa para recortar servicios o personal, pero no quiero acabar este artículo en este tono tan serio, así que pasaremos a otra categoría no menos cuantiosa de despropósitos con origen en la covid: aquellos que no son malintencionados. Mencionaré solo alguno que se ha dado en la piscina de mi pueblo (con todo el cariño para sus excelentes gestores), quien sabe si a instancias del Ayuntamiento. El verano pasado estuvo prohibido lanzarse al agua; era obligatorio bajar por la escalera. Toma ya. Cierto que aquí al menos hay que reconocerles el mérito de enmendar su error, dado que a mitad de temporada se retiró esta medida. Sin embargo, hay otra que se ha mantenido: clausurar la fuente. Uno puede ducharse en la piscina o los vestuarios, y beber en los lavabos, pero la fuente sigue cerrada. Ahí queda eso.
Igual soy yo, que me estoy perdiendo algo.