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Leticia Ortiz

Plaza Mayor

Leticia Ortiz


Y llegó...

17/09/2021

Septiembre llega sin hacer ruido. Escondido entre el sol que luce todavía esplendoroso. La ropa de verano aún cuelga del armario y las chanclas y sandalias ocupan orgullosas su sitio en los zapateros. Todavía hay niños corriendo en los pueblos, más asalvajados que cuando arrancaron las vacaciones , antes aún decían hola al cruzarse contigo, ahora se oye un ruido casi gutural. Resuenan las verbenas en las últimas fiestas del calendario. Incluso el otro día, de regreso de una tarde de toros, en los estertores también de la temporada, iluminaban el cielo los fuegos artificiales de algún pueblo en fiestas. Se dan los últimos besos aquellos amantes pasajeros que quién sabe cuándo se volverán a ver, aunque con las nuevas tecnologías esto ya será más sencillo y no tendrán que esperar a que el azar les lleve «otra vez el verano siguiente», como cantaba Sabina. Siguen las señoras al fresco en sus sillas o en esos bancos verdes de la Caja de Ahorros Municipal, que resisten la llegada del mobiliario moderno como la aldea de Astérix ante los romanos, en esa costumbre tan española que un pueblo gaditano quiere proteger como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Y quizá lo sea. Parece verano. Con su vida en la calle y sin horarios. Pero no lo es. Ya no. 
Septiembre tiene algo de enero, pero más traicionero, porque te pilla confiado. Disfrutando. Y de repente, aquí está. Con sus rutinas. Con el despertador sonando. Con los niños regresando al colegio. Con las calles vacías. Con los pueblos sumidos de nuevo en el silencio. Con los clarines y los timbales callados. Con la ropa de invierno pidiendo salir del trastero. Con las colecciones en los kioscos. Con los políticos hablando otra vez de Cataluña. Con fútbol el lunes, el martes, el miércoles, el jueves, el viernes, el sábado y el domingo. Septiembre ya está aquí. Y el golpe de realidad también. Porque el verano ya es solo un recuerdo. Quizá el más bonito de cuantos se guarden a final de año. Quizá de los que duren para toda la vida. Quizá de aquellos a los que volver cuando esta rutina que arranca en septiembre llene el día a día hasta hacerlo irrespirable. Porque, otra vez Sabina, «la vida sigue como siguen las cosas que no tienen mucho sentido».