DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


El sabor de la venganza

25/09/2020

Pedro Sánchez no ha estado a la altura de lo que cabe exigirse a sí mismo como presidente del Gobierno de España. Posiblemente le ha traicionado un sentimiento tan humano como el de la venganza. O simplemente ha optado por utilizar la estrategia política, fría e interesada, de colocar al enemigo frente al espejo para que reciba las bofetadas de sus propias contradicciones. Sánchez olvidó que se debía al interés general de los españoles por encima de cualquier añagaza o interés espurio de los partidos. No debió resignarse. El mando único, gestionado a través del Estado de Alarma, es reconocido ahora como el medio más eficaz en la lucha contra el covid-19, tanto desde el punto de vista legal como por la necesaria coordinación de los diferentes servicios de salud.

Comunidades como Castilla y León asumieron con naturalidad y hasta agradecidas el mando único y expresaron su colaboración permanente y eficaz con los medios sanitarios de los que disponía. Su presidente, Alfonso Fernández Mañueco, así lo reiteraba hace unos días al pedir a Sánchez que “no se echara a un lado”, que diera “un paso al frente” para impulsar la acción de todos en la misma dirección. La Comunidad de Madrid, por el contrario, optó por una actitud entre cicatera y hostil y su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, se convirtió en el ariete beligerante que manejaba el presidente de su partido, Pablo Casado, para minar la credibilidad del Gobierno ante una situación de emergencia nacional. Las prórrogas del Estado de Alarma, que deberían de haber obedecido a criterios estrictamente técnicos, de conveniencia social, se convirtieron en mercancías de vergonzoso chalaneo. Casado ser plantó en un intento por dejar a Sánchez a los pies de los caballos. No sospechaba que los cascos acabarían provocando la mayor hemorragia en la credibilidad de su pupila Ayuso, pronto desbordada por el rebrote del virus. La escenografía con la paridad de banderas de España y Madrid, en la comparecencia conjunta de Sánchez y Ayuso, no ocultó la humillante claudicación de la presidenta. Y Sánchez saboreó la venganza. Propio de un ser humano. Inapropiado en un presidente.



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