Plaza Mayor

Belén Delgado


Quiero ser como antes, no mejor

28/12/2020

Un Gordo con los mismos miles de inesperados y gozosos euros pero sin abrazos. Una compañera que se jubila después de 35 años en la empresa y que se marcha con un simple gesto de cabeza y un ‘ya lo celebraremos’ (lo de su jubileo laboral). También sin abrazos. Y ese cada vez menos imperceptible gesto de distancia y desconfianza de la gente con la que te encuentras en cualquier cola. Y hoy, la vida es una cola. En el súper, en la entrada a los comercios, en la farmacia,... por no hablar de las Administraciones de lotería hasta última hora del 21 de diciembre. El domingo pasado fui al cine. Una pareja que se sentó en la fila delante de la mía no ocultó su extrañeza y malestar al acomodador porque no había más de dos butacas de distancia con otros espectadores.
Dentro de la irrealidad que nos ha impuesto este año que estamos deseando olvidar y arrojar al cubo de la basura, cada vez llama más la atención cómo vamos aceptando esos tics de rechazo al otro que nos impone la pandemia. Tal vez en otros lares, más al norte del mapa, les cueste menos esfuerzo. La distancia social les viene de serie en el manual de comportamiento colectivo. En Japón, una de las peores muestras de mala educación es invadir el espacio físico de otra persona ya sea con contactos, ruidos o gestos. Pero los países bañados por el Mediterráneo somos de otra pasta. Incluso en las tierras interiores como la nuestra marcada por temperaturas que invitan a la reciedumbre de carácter. Y, sin embargo, la teoría de la evolución de las especies, esa que habla de la adaptación al medio para sobrevivir, parece estar ahorrándonos etapas en nuestra mutación como seres sociales huidizos.
Hoy mismo, las primeras vacunas inyectarán en nuestros brazos la esperanza de un día después. Hace meses soñábamos con volver a ser como antes, a vivir la vida de antes. A abrazarnos y compartir como antes. Sin embargo, la inmunidad temporal de estas vacunas parece incluir en su ADN el progresivo olvido de lo que fuimos. Nada volverá a ser como antes, ni siquiera cuando volvamos a salir a la calle como antes.
‘Saldremos de esta y saldremos mejores’ se hartó de ‘inyectarnos’ la mercadotecnia oficial en los peores días. Ahora que tal vez empieza el principio del fin de esa pesadilla, muchos cambiaríamos el mensaje: ‘Salimos de esta y salimos iguales’.