Plaza Mayor

Evaristo Arzalluz


El Empecinado

09/10/2020

Ahí está, en la N-122, el Hotel restaurante ‘El Empecinado’, cerca del cruce con la carretera que va de Castrillo de Duero, lugar donde nació el que le da nombre, a Roa, donde murió ahorcado por orden de la autoridad. Y me da por recordar. ¡Juan Martín, El Empecinado! ¡Qué personalidad! Era un líder nato, de esos que arrastran con sus virtudes. Fue un hombre valiente: cuando supo que un soldado francés había violado a una muchacha de su pueblo la indignación le llevó a involucrarse en la Guerra de la Independencia. Y lo hizo arriesgando su vida y su fortuna. Guerra de la Independencia que no fue una guerra normal de unos políticos contra otros. No. Fue el levantamiento del pueblo llano -hombres, mujeres y niños, ricos y pobres, curas y labriegos- contra el enemigo común que había invadido el país precisamente por el error de sus políticos. Y la gente le siguió. Fue un hombre íntegro: ya ganada la guerra, rechazó los millones y los honores que le ofrecía Fernando VII, el rey Felón, a cambio de apoyarle, porque para eso tenía que traicionar su juramento. Ahora también sufrimos una invasión por un enemigo común, muy pequeño y precisamente por eso mortífero. Y sólo lo venceremos si todos, unidos, asumimos con nuestros valores -responsabilidad, solidaridad, sacrificio- el papel que nos corresponde. Pero no tenemos líderes -hombres o mujeres- a nivel nacional e internacional, que con su talla moral sean capaces de arrastrarnos. Se borra el recuerdo de El Empecinado. Empecinado significaba originalmente ‘cubierto de pecina’, un lodo verde que se da en el río Botijas. Ahora empecinado es sinónimo de empeñado, pertinaz. Una persona virtuosa que, además, es pertinaz es lo que necesitamos. Una persona inmoral que además es pertinaz, es lo peor que nos puede ocurrir.