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Leticia Ortiz

Plaza Mayor

Leticia Ortiz


Extraño verano

13/08/2021

Si se descuida un poco, la ahora tradicional ola de calor, eso que antes se llamaba simplemente verano, casi no llega a su cita con julio o agosto. Todos los medios del país esperando para llenar minutos y páginas con las altas temperaturas y las recomendaciones para combatirlas -¿se han enterado ya que hay que beber mucha agua?- y la ola que no aparecía. Pero ya está aquí. Con sus cosas de siempre: el calor, el reportero que intenta freír un huevo en la chapa de un coche, las calles vacías en el Sur a la hora de la siesta... Aquí en Burgos aún estamos decidiendo si el verano ha caído en miércoles o en jueves. Tampoco nos vamos a permitir mucho más. Con lo que nos ha costado ganar la fama del frío...
De hecho, hasta que la ola no ha aparecido casi ni parecía verano. Al menos, a mí no me lo parecía. Y es que un verano sin verbenas es menos verano. Y eso que este ha tenido Juegos, que siempre animan. Te sientas ahí delante de la televisión y lo mismo sabes de doma como de triatlón. Puedes criticar al árbitro de boxeo o pontificar sobre kárate. Más allá, por supuesto, de despreciar al seleccionador español de fútbol, el que sea, porque vaya alineación que ha puesto contra Japón.
Pero entre las temperaturas contenidas, con noches no ya de rebequita burgalesa sino de chaqueta, y la falta de verbenas esta época estival es insólita. Por suerte hay toros. Siempre nos quedarán los toros. Como me decía el alcalde de Guijuelo: «En España no se entienden las fiestas sin verbenas y toros». Briviesca, Roa y Salas de los Infantes anuncian festejo para estos días que rodean a la festividad de la Virgen. Habrá que elegir.
Eso sí, una duda que me rebota continuamente en este verano inhóspito, de vacaciones con mascarilla y gel hidroalcohólico, es qué pasa con los amores de verano. Quizá 2020 y 2021 iban a ser los años en los que muchos conocieran a ese amor veraniego que, años después, aún aflora una sonrisa al ser rememorado. Pero, el maldito virus, también lo impidió. O aún peor, quizá alguien había previsto volver a verse, un año después, en el mismo bar. En la misma playa. Porque, a veces, los amores de verano nunca acaban.