LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Paciencia

14/09/2020

Que no nos encontramos en una situación normal por culpa de una pandemia es evidente por mucho que lo quieran revestir de otra forma, la vida le ha cambiado a todo el mundo, en mayor o menor medida, incluso con situaciones familiares dolorosas por haberla sufrido o perder un ser querido. Es más, los ciudadanos perciben una cierta sensación de desamparo entre cifras constantes de crecimiento de contagios y nuevos e incesantes brotes, algunos registrados en entornos de celebraciones familiares o fiestas y reuniones masivas desoyendo las recomendaciones. 
Lo importante es la salud, evidente, pero hay quien también está sufriendo los efectos económicos de unas decisiones necesarias, como el confinamiento, o de cambio de hábitos de muchos ciudadanos que han optado por quedarse en casa en vez de salir a destinos turísticos, con fronteras cerradas ante una imagen poco afortunada para viajar a un país cuya buena parte de sus ingresos provienen de este sector o de la cultura, aunque haya quien, acudiendo a razones sanitarias, quiera acabar con ella.
Los argumentos son tan irrefutables, porque es habitual escuchar en primera persona a quien ha padecido alguna de las situaciones, que debería hacer reflexionar de manera seria a los partidos si la actitud que están tomando, es la adecuada o responde exclusivamente a intereses de imagen o de derribo de quien gobierna. Ni por el sentido de Estado al que se deben las instituciones ni porque, sea a nivel central, autonómico o municipal, por lo que ninguno está exento de su responsabilidad, al ejercer el gobierno, todos son responsables del caos y el abandono que sienten los ciudadanos en circunstancias como las actuales, en las que la información brilla por su ausencia.
Con ser grave, no es ese el único problema que nos acecha en el terreno de los público, sino que la bronca no para ni cuando hay quien poco tiene que echar en cara al de enfrente, se habla de manos tendidas, pero son extendidas para abofetear al contrario y tratar de obtener réditos electorales. Es de vergüenza ajena seguir, si es posible mantener más de cinco minutos seguidos, alguna sesión parlamentaria sin que el diálogo no esté exento de exabruptos impropios. Es muy representativo el rechazo al destino de los remanentes municipales, entendido como una victoria política contra el Gobierno, pero sin que se solucione el problema de fondo que no es otro que el poner en circulación el dinero guardado para relanzar la economía de las ciudades. Se requiere una negociación urgente. 
Se ha vuelto al colegio, una preocupación de padres y profesores, con una sensación también de improvisación si se quiere ir más allá de la mascarilla, la distancia social y el lavado de manos. Son imprescindibles medidas sanitarias pero también que se hayan resuelto aspectos educacionales, modificando los currículum y adaptándolos. 
Si acudimos a Cicerón habría que preguntarse hasta cuándo van a abusar de nuestra paciencia...